Enjoy the silence

Una confesión

Junio 29, 2009 · 4 comentarios

Supongo que será que me conformo con poco. Eso,  y que desde hace unas semanas no lo estaba pasando demasiado bien. También doy por hecho que esto último es culpa mía aunque en un principio no quisiera reconocerlo. Y que de mi sentimiento de inferioridad y el hecho de no tener a alguien al que pueda llamar de verdad amigo  no tiene culpa otra persona más que yo. Supongo que debería haberme dado cuenta mucho antes de lo que pasaba y no complicar las cosas con mi comportamiento digno de una niña de 8 años aunque físicamente esté a un par de días de cumplir los 20. Supongo  que si mis compañeros de clase me ignoran y se burlan de mí a mis espaldas no es porque casualmente sean todos ellos unos cretinos. Y también que si mis notas son las que son es porque no estudié lo suficiente.

Como digo, supongo que me conformo con poco, pero me has hecho pasar uno de mis mejores días sólo viendo series, yendo a la playa y disfrutando a media noche con los fuegos artificiales.

→ 4 comentariosCategorías: personal

La idea

Junio 24, 2009 · 4 comentarios

606px-Bitis-gabonica-rhinoceros-1

Algo se está gestando. El atisbo de una idea. Asoma por su mente agazapada, como un león paciente esperando a su presa, pero no logra tener la suficiente consistencia como para materializarse en algo real. Se difumina igual que el humo del tabaco que la rodea. Intenta concentrarse en aquella idea, en qué es lo que está ocurriendo dentro de su cabeza. Sin embargo, cuanto más intenta pensar en ello, menos sabe de qué se trata. Sólo recuerda una cosa, una sensación. La idea, sea la que sea, le desconcierta y aterra a partes iguales. Se remueve incómoda en el asiento.

Hace unas semanas que apenas escribe, ha perdido el don, piensa. No es que antes escribiera majestuosamente bien, pero le gusta escribir y alguna vez ha conseguido cosas de las que está orgullosa. Y ya no es lo mismo. Sus escritos ahora no pasaban de dos párrafos. Las frases son cortas. Demasiado cortas. Como éstas. Ya no tiene sensibilidad ni ideas para escribir, ya no puede expresar sus sentimientos como antes. Sospecha que no es porque no sea capaz, es que no quiere. Tiene miedo de lo que puede salir si se pone a tirar del hilo de los pensamientos internos más oscuros. No lo quiere saber.

Intro. Intro. Nuevo párrafo. Lo ha logrado. Ha roto la maldición. Ahora se siente un poquito más animada. Pero la IDEA sigue ahí. Se la imagina como unos ojos que miran desde un rincón oscuro, unos ojos con forma reptiliana, dorados y que se ríen de ella. Le duele intensamente el lado derecho de la cabeza, y es allí donde nota clavados los ojos de la idea. No soporta más la situación, se dirige a su cama y se acuesta. La idea, la idea. Sabe que es horrorosa y eso que ni siquiera había podido ver su cara todavía porque se esconde en las tinieblas en las que su propia mente está atrapada.

Despierta. Es casi mediodía. Cierra los ojos un rato y piensa en aquella idea. Asoma un poco más que ayer, ahora consigue ver dos pequeños orificios nasales y una boca cerrada que tiene aspecto de una V vuelta del revés. Oye su constante silbido y se tapa los oídos en un intento desesperado de hacerla callar. La idea está enfadada. Decide ponerse en pie, enciende el ordenador y después de esperar los 4 minutos reglamentarios para que termine de cargarse, abre el documento Word que dejó a medias la noche anterior. Va a seguir escribiendo. Ha tenido una idea. Borra todas las referencias del texto hacia sí misma y decide hablar en tercera persona, contando su historia como si hablara de alguien que acaba de inventar. Así, cuando alguien lea lo que está pensando, cuando descubran la aterradora idea de su interior, pensarán que es sólo una historia. Pero ella sabe bien que no es ficción.

Pssss. Pssss. La idea la llama. Toca la puerta de entrada a su cerebro insistentemente, el lado derecho de su cabeza vuelve le vuelve a doler. Decide dejarla pasar, quiere hacerle unas preguntas y llegar al final del asunto que la inquieta. La ve de nuevo, agazapada en el mismo rincón, sacándole una lengua burlona. Una lengua bífida.

- ¿Quién eres? ¿Qué  quieres? – su corazón late rápido. Siente que le va a dar un ataque de pánico de un momento a otro y que le cuesta respirar.
La idea sólo ríe.
- Por favor… no lo soporto más. Ven, acércate, charlemos un rato.
No ocurre nada.
- Haré lo que tú quieras, pero, por favor, acércate. Ven. Quiero sentirte. Quiero saber cómo es tu tacto. Qué tipo de idea eres.
La idea, por fin, parece haber comprendido. Sale poco a poco de la penumbra. Sólo con verle la cabeza, sabe de qué se trata. Es una serpiente. La  idea se arrastra tranquilamente hasta que alcanza su pie. Ella la deja subir por su cuerpo, y la idea, o la serpiente, ya no sabe cómo denominarla, llega a su regazo. No es una serpiente normal, tiene la cabeza exageradamente grande y el cuerpo pequeño y rechoncho. No ha estudiado nunca zoología ni nada parecido, así que no sabe que en realidad se trata de una víbora.
- Dime, humana.
Traga saliva. ¿Y ahora qué le dice?
- ¿Có… cómo te llamas?
- Vosotros me soléis llamar Bitis gabonica – ríe la idea -, pero en realidad esta es sólo la forma que he adoptado. Mi nombre real es demasiado horroroso como para poder pronunciarlo.
- Y , dime, ¿qué eres? ¿Qué quieres?. Sin rodeos, por favor, quiero acabar de escribir esta historia.
- Sin rodeos- repite la idea-. Soy el fracaso. El sentimiento de culpa. Soy la depresión. Soy la única idea que va a ser sincera contigo. Te diré lo que no quieres saber. Por fin has conseguido una vida que debería gustarte, un buen trabajo, un novio simpático y muy guapo, unos amigos como no podrás encontrar en ningún otro sitio. Y sigues sin ser feliz. Piensas que ya lo tienes todo, todo lo que necesitas para encontrar la felicidad y, sin embargo, no eres feliz. Sólo te salvaría salir de este mundo.

Ella asiente levemente con la cabeza. Esa es la idea que tanto ha temido mirar directamente a la cara. Sabe que no le miente. Mientras ella va asumiendo, derrotada, todo lo que acaba de descubrir, la idea va abriendo poco a poco sus mandíbulas. Cuando parece que va a desencajársele la boca, en lugar de parar sigue abriéndola más y más hasta que se le puede ver el interior del estómago. Unos fluidos verdosos borbotean dentro. Sabe que es lo que va a ocurrir ahora porque ella misma es la que decide el final de la historia. Se acerca un poco el portátil y escribe desesperadamente:

La boca de la idea se ha convertido ahora en un agujero negro que succiona todo lo que hay en su habitación. Tiene que aguantar el portátil con fuera para poder terminar de escribir en él. La idea suelta un gruñido estridente y, de un solo bocado, la devora, impidiendo que consiga terminar el escrito. Ella quería un final feliz.

→ 4 comentariosCategorías: relatos y similar

Enfermedad

Junio 23, 2009 · 4 comentarios

Leo el titular y me quedo un poco en shock. Muere Daniel el Kum, jurado de “Supermodelo”, tras saltar al vacío de su casa en llamas. Dejemos al margen  que, sí, sé quién es porque seguí (lo admito con la cabeza bien baja, que conste) la primera edición de Supermodelo el año en el que era una fanática de Cuatro.

Me leo la noticia entera. Al parecer, Daniel tenía algún tipo de problema mental. Desde que se mudó a ese edifício había salido gritando dos veces que había fuego en su casa, tenía comportamientos extraños y sus vecinos estaban muy molestos con él. No se descarta que fuera él mismo el que provocara el incendio que le llevó a refugiarse en el balcón de su casa para acabar saltando en un momento de desesperación con su perro en brazos justo cuando los bomberos iban al fin a alcanzarlo con la escalera auxiliar.

Después, hago un repaso por los comentarios que han dejado los usuarios de la web sobre la noticia y me sorprendo, quizá más que con la noticia en sí. Muchos dejan más o menos evidente que no les importa su muerte, o que se la merecía, por estar “loco”. Incluso hay algunos que sólo piensan en el pobre y mal parado perro.

Ya sé que no es comparable sólo por el hecho de que es posible que haya sido él mismo el que ha provocado el incendio debido a su estado mental, poniendo su vida y la de los demás en peligro, pero si en la noticia no hubieran especificado que podía opadecer un transtorno mental, no hubiera tenido que leer esos comentarios, casi jocosos, carentes de cualquier tipo de sensibilidad. Claro, como el tipo estaba loco no importa, aunque sea una enfermedad igual que cualquier otra.

Y con esto, no podemos evitar desviarnos del tema y pensar que, al igual que hay defectos buenos y malos, también ocurre lo mismo con las enfermedades. Tener cancer, leucemia, algún problema de movilidad, Parkinson, Alzheimer, diabetes… siempre despertará en nosotros un sentimiento de pena que no ocurre con otras enfermedades. “Pobrecillo, no se lo merece”, “nos puede pasar a todos”.

Pero padecer una esquizofrenia, una demencia, SIDA o cualquier otra enfermedad mental o de transmisión sexual… eso es agua de otro costal. Esos chalados y promiscuos merecen todo lo malo que les ocurre. Esa es la mentalidad que impera todavía en España y, por desgracia, en casi todo el mundo. No nos damos cuenta que una enfermedad mental sigue siendo al fin y al cabo una enfermedad, y por mucho miedo que nos dé el loco de la esquina que no para de hablar sólo, hay que respetarlo como ser humano y como enfermo y no pensar que es así porque quiere.

Vemos a las enfermedades mentales como enfermedades repulsivas y no sólo por el miedo que nos puede provocar que a un “loco” se le crucen los cables y nos haga daño, cosa que no puede pasar con una enfermedad física. Un enfermo mental es inferior, un desecho humano y, aunque con el tratamiento adecuado pueden tener una vida completamente normal, siguen sintiéndose avergonzados y no son capaces de confesar su enfermedad más que a los amigos más íntimos por temor a ser rechazados..

Imagina que estás en un parque y se sienta en un banco, a tu lado, una señora con pañuelo en la cabeza que te dice “es que tengo cáncer”. Imagina ahora que esa misma señora, en lugar de decirte eso se toma unas pastillas y te dice “soy esquizofrénica”. ¿Qué pensarías y cómo reaccionarías en ambas situaciones? Estoy segura de que casi ninguno de nosotros sería justo.

→ 4 comentariosCategorías: reflexiones · televisión

El gen egoísta (I)

Junio 5, 2009 · 6 comentarios

2219498488_1ba2b10ace

Nunca había hecho esto antes: ponerme a comentar un libro cuando apenas llevo algo más de 50 páginas y sólo 3 capítulos pero “El gen egoísta: Las bases biológicas de nuestra conducta” de Richard Dawkins me tiene enganchada. Y no enganchada en el sentido tradicional, cuando te lees el libro en unas horas; en realidad tres días para leer tres capítulos es muy poco. Estoy enganchada porque no puedo dejar de pensar en él y en las afirmaciones que por ahora he encontrado y leo poco a poco precisamente por eso (y porque tengo pocos huecos también). Ayer mi padre me llevaba a la universidad en coche, cosas de la crisis, y me vio con el libro abierto y mirando hacia delante. “Qué, ¿ya te has vuelto a quedar empaná?”. “No papá, estoy pensando en lo que pone en este libro”, le contesté.
La lectura, como he dicho, se está haciendo tremendamente lenta, pero porque voy subrayando, doblando páginas y haciendo comentarios al margen en casi cada una de las hojas. Algunos comentarios son de crítica, ya que me parece un poco infantil la manera de explicar el funcionamiento del DNA y su replicación y recombinación para formar gametos, pero las metáforas en realidad son muy útiles para aquel que se adentra por primera vez en este campo.

El libro nos habla básicamente (y por ahora) del campo sobre el que actúa la selección natural. Tradicionalmente se ha pensado que eran poblaciones más aptas las que se seleccionaban, mientras que Dawkins opina que lo que se seleccionan son los genes y que todo lo demás, nosotros mismo como cuerpo y mente “somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células“. De primeras sólo se puede pensar que el hombre se ha vuelto loco, pero a medida que te adentras en el libro tienes que darle la razón. Esto, tristemente, nos deja a los humanos a la altura del betún. Somos robots sometidos a la voluntad de nuestros genes y, aunque sí, podemos esquivar la influencia que ejercen sobre nosotros como un esclavo se puede revelar a su amo (sin consecuentas tan nefastas para nosotros, claro), la influencia está ahí. Por eso a veces me parece que este libro tiene buena parte de contenido filosófico.

También el que lea este libro tiene que tener claro que cuando dice cosas como por ejemplo “los replicadores intentaron mejorar la maquinaria en la que vivían para que la selección natural actuara a favor de ellos” (no es una cita literal, no tengo el libro a mano), no hay que olvidar que en la biología, como en casi toda la ciencia, no existe el finalismo. Lo que ocurre no tiene una finalidad concreta. No existe un “¿para qué?” ocurre eso, sino un “¿cómo y por qué?”. Los replicadores, los genes, no mejoran las condiciones para que ocurra algo, para evolucionar y ser mejores que los otros, sino que lo hacen porque así son más estables, sobreviven porque tienen mayores posibilidades de hacerlo que otros. En realidad, ni ellos ni la selección natural, por mucho que la citen como algo consciente (“la selección natural selecciona a los más aptos“, cita generalizada en una conversación informal), no tienen voluntad, no deciden. La selección natural es un hecho, no un ser omnipotente que elige lo que vale y lo que no, como a veces imaginamos por la manera en la que se habla de ella (y la manera en la que se nombra, Selección Natural, en mayúsculas, como si se hablara de Dios.)

Poco más puedo comentar ya si no tengo una idea global del libro, y eso sólo ocurrirá cuando me lo termine. Espero que siga en su línea de ir sorprendiéndome y no acabe por tragarme mis palabras.
El comentario completo del libro se hará, supongo, en el blog de críticas y reseñas que llevamos S. Dedalus y yo.

→ 6 comentariosCategorías: ciencia · libros
Etiquetado: , , , , , , , , ,

Naturaleza muerta

Junio 4, 2009 · 6 comentarios

Descenso a los infiernos
de sociedades en su ocaso,
larga e insufrible agonía
que todavía no acaba.
La muerte nos acecha
desde hace siglos, consiguiendo
que el miedo a ella cree
falsos mitos, religiones,
supervivencia en estado puro.
La angustia ya finaliza,
el ser humano da coletazos,
aguanta las últimas estocadas
con la cabeza baja, siempre la tuvo.
La dignidad por los suelos,
el honor de especie superior
que realmente no poseemos.
Esperamos el último golpe
Mientras yo me alegro:
por fin está ocurriendo,
la naturaleza se ríe de nosotros
y prepara la venganza.

→ 6 comentariosCategorías: relatos y similar

Escupiendo sabiduría

Junio 2, 2009 · 2 comentarios

Tía, que me va a dar una triquinosis.

Estudiante anónima, antes de entrar a la facultad
de Letras para hacer un examen.

Triquinosis: dícese de la enfermedad causada por consumir larvas de Trichinella spiralis (y otros géneros Trichinella), nematodo parásito, que se enquista en los músculos y provoca dolor intestinal, fiebre, diarreas, vómitos, entre otros síntomas.

→ 2 comentariosCategorías: General

Sentimientos encontrados

Junio 1, 2009 · Dejar un comentario

bipolar

Estos últimos días han sido muy extraños anímicamente hablando. Es como un microcosmos de bipolaridad en el que en un mismo día puedo cambiar de un estado a otro independientemente de cómo se esté desarrollando mi entorno exterior. En una semana he pasado por normalidad, aburrimiento total, desesperanza, ganas de dejarlo todo, felicidad total, decepción con la gente, esperanza en la humanidad, vuelta a la decepción, angustia exagerada e irracional, malestar general del cuerpo, diversión infinita, llanto imposible de evitar… Y así hasta un sinfín de estados que se harían muy largos de relatar.

No entiendo por qué unas sencillas palabras pueden acabar tambaleando mi mundo hasta el punto de acabar teniendo el sentimiento contrario al que hacía un segundo tenía. Por qué, por ejemplo, siempre que escucho ese adjetivo que indica poco tamaño se me pone una sonrisa en la cara y olvido todos los malos momentos que he podido tener durante el día. Por desgracia, las personas y las palabras que pueden animarme son nimias si las comparamos con aquellas que acaban por hundirme.

Sinceramente, no sé cómo terminar esta entrada así que haré dos versiones: para pesimistas y para optimistas. Si no haces trampas, deberías sólo leer laque te corresponte.

Optimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la hace tan valiosa. Las palabras que consiguen hacerme sentir afortunada de estar viva son pocas, pero me hacen olvidar por completo los malos momentos. Merece la pena soportar un día horrible para disfrutar de unos minutos de bienestar total sintiendo que realmente lo mereces. Porque todos necesitamos sentirnos queridos, útiles, importantes o, simplemente, vivos de vez en cuando. En eso consiste en realidad la felicidad, en llenar el gran vacío que todos tenemos dentro de nosotros con las piezas que encajen correctamente en él.

Pesimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la convierte en un arma de doble filo. Pretendemos pasar nuestra vida intentando buscarla y nos esforzamos tanto que cuando la encontramos nos sabe a poco. ¿Para eso tanto esfuerzo, tanto sacrificio? ¿Realmente merece la pena? Dudo que cualquiera de vosotros fuera capaz de pasarse un mes trabajando para sólo cobrar un día. Quizá sea mejor no tener esperanzas para que así nadie te las pueda destruir.

¿La opción que yo elijo? Os lo he dicho: ahora mismo una, dentro de unos minutos la contraria.

→ Deja un ComentarioCategorías: personal · reflexiones
Etiquetado: , , , ,

Estación

Mayo 25, 2009 · 1 comentario

Un anciano vestido con un elegante traje color gris entra por la puerta principal y rebusca en la basura. Encuentra un trozo de pan, lo resquebraja para quitarle, supongo, la parte que ha empezado a enmohecer y se guarda el resto en el bolsillo de la chaqueta. Da unos pasos, mira hacia los lados y, al comprobar que nadie le está mirando (se equivoca, hay una chica sentada en un banco de metal que observa todos sus movimientos mientras escribe en una libreta), saca el pedazo de pan del bolsillo y lo va desmigajando mientras se lo echa a la boca. Da media vuelta y sale por donde ha venido.

*****

Un hombre de color de unos veintitantos años se encuentra frente a la puerta principal de la estación, como todos los días. Y, como siempre, está andando de arriba abajo dando pequeños saltos, moviendo brazos y hombros al tiempo que balbucea palabras ininteligibles. La gente se aparta a su paso. Yo me aparto también. Un señor con camiseta playera y bermudas entra por la puerta y se cruza con el hombre de color. Después de dudar y dar varías vueltas se dirige hacia él, le pone una mano en el hombro y con la otra le da una cantidad de dinero que no logro determinar a esta distancia. El Señor Carbón se detiene en seco y se rasca la cabeza haciendo de su gesto una perfecta caricatura de la sorpresa. Mira al hombre que se aleja quieto, como nunca antes lo había visto.

*****

10 de la noche. Otro hombre de color, llamémosle Pi porque ya no encuentro eufemismos políticamente correctos para “negro”, está de pie, delante de la puerta del pequeño cajero de la CAM de la estación. Parece que Pi está esperando para que la persona que hay dentro termine sus transacciones pero cuando el hombre sale, Pi se cuela dentro y bloquea la puerta para que no se cierre. Sale rápidamente y lo veo volver con un par de cartones bajo el brazo. Se hace una cama con mucho esmero y se echa a dormir. Mañana será otro día para Pi.

*****

Un hombre con largas barbas y vestido con una camiseta rosa habla consigo mismo y ríe a carcajadas cuando cuente a la gente que pasa lo que para él son chistes graciosísimos pero para el resto sólo son locuras. Un policía se acerca y le invita amablemente a marcharse. El hombre sigue hablando mientras se aleja.

*****

Varias personas, todos hombres, se me acercan durante diferentes días para pedirme dinero. Sé que algunos lo necesitan de verdad y otros son simples gorrillas que se aprovechan de la generosidad de la gente. Pero, ¿cómo distinguirlos? Algunos reciben dinero de mi parte, otros no; aunque me avergüenzo de ello siempre tengo en cuenta el discriminatorio método del físico. Sé que a veces he acertado pero muchas otras se han burlado en mi cara, por no hablar de las personas a las que he negado mi ayuda cuando realmente necesitaban el dinero. Decido no dejarme engañar más después de darle 20 céntimos a un hombre joven, casi un chaval, al que veo salir por la puerta principal y subir a un coche cuando unos segundos antes necesitaba “urgentemente 20 céntimos que me faltan para el autobús”.

*****

Todas estas situaciones, reales y vividas en primera persona, se repiten a diario en la estación de autobuses de Alicante. Ahora cada vez que subo a uno de los apestosos e incómodos vehículos de allí pienso en lo afortunada que soy.

→ 1 comentarioCategorías: reflexiones

Meme: diversas preguntas

Mayo 24, 2009 · Dejar un comentario

Hace tiempo que no hacía memes, pero he recordado que S. Dedalus me había nominado para uno hace mucho tiempo.

Un estilo de música: JRock, aunque algunos se empeñen en decir (no les quito la razón) que por ponerle la J delante no es un nuevo estilo, tiene unos matices que no podría explicar aquí. .
Una película: Donnie Darko.
Una serie: Lost.
Una canción: «Greener Pastures», No Doubt.
Un libro: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Phili K. Dick.
Libro actual: actualmente estoy en una pausa literaria debido a exámenes.
El último libro leído: Las estrellas desafiantes, Fredric Brown.
Un mal día: Ayer por la mañana.
Un gran día: Espero que hoy.
Una profesión: Paleontóloga o microbióloga.
Un sueño: Ser feliz.

→ Deja un ComentarioCategorías: General

This is the life

Mayo 23, 2009 · 1 comentario

rumours-nightclub

Todos nos hemos encontrado en algún momento pensando en la que es quizá la primera gran pregunta que se hizo el ser humano: cuál es el sentido de la vida, cuál es la razón de nuestra existencia. No podemos evitarlo ni huir de ello, todo tipo de personas con más o menos cultura teorizan aunque sea hacia sus adentros sobre ellos.

Sales una noche y ves a jóvenes medio borrachos haciendo cosas de las que te avergüenzas hasta tú y que sabes que desearán no recordar dentro de 12 horas. Bailes, alcohol, chistes malos, juegos estúpidos, vómitos, drogas blandas, risas, besos, náuseas… Te vuelves a repetir que no perteneces a esto y que nunca conseguirás entenderlo. Y te preguntas si esos personajes vestidos de putilla barata o de chulazo se habrán planteado alguna vez en lo extraordinaria, para bien o para mal, lo única, lo limitada, lo vacía, que es su existencia. Pero entonces les miras a los ojos y de das cuenta que detrás de ese débil y ebrio brillo de sus pupilas se encuentra una necesidad de no tener que pensar en esas preguntas. Porque les aterra la respuesta o no saben cómo dar con ella.

El que se hace preguntas es, pues, el plasta. No está permitido pensar a partir del viernes por la tarde, ya ha terminado la semana universitaria. Sin embargo, con un poco de observación puedes ver que están asustados, desde la chica que ha pasado horas teorizando sobre la mejor manera de enseñar el canalillo y como fingir sentirse ofendida si se lo miran hasta el chico que dentro de 10 años acabará con lumbalgia debido a la postura que tiene que adoptar por el peso de las cadenas de oro que intentan ahorcarlo. Están asustados porque se han dado cuenta de que su fútil existencia se acabará pronto y que nada cambiará en el mundo cuando ellos se vayan: no son NADA. Así que deciden que la mejor manera de darle un sentido a su vida es no pensar en ella: cabeza vacía, corazón contento.

Siempre había creído que este tipo de gente que parece que tenga serrín en la cabeza era así porque nunca se habían parado a reflexionar sobre nada ni les había interesado aprender, pero ahora me he dado cuenta de que son los más inteligentes de todos. Han conseguido el método definitivo para ser felices, lo han puesto en práctica ¡y les funciona! No pensar, ese es el truco, diga lo que diga nuestro amigo Punset.

→ 1 comentarioCategorías: personal · reflexiones
Etiquetado: , ,