Enjoy the silence

Entradas clasificadas como ‘personal’

Apaput

Septiembre 21, 2009 · 2 comentarios

Hoy he decidido no madrugar. Me he levantado a las 10 y he salido a las 11 en punto para cojer el autobús. Mi nueva casa, compartida con otros dos estudiantes de la Universidad de Alicante, se encuentra en una urbanización. Para salir a la calle, paso por una zona con césped donde hay una piscina. Y allí, entre un grupo de gorriones que picoteaban la hierba, estaba el apaput. O abubilla, en castellano. Con la cresta de la cabeza levantada por completo.

Me he parado en seco al ver al pájaro y he intentado acercarme sutilmente pero a pocos pasos de alcanzarlo, ha huido. No pretendía nada en especial, sólo observarlo de cerca e intentar hacerle una foto con el móvil, pero no lo he conseguido. Tengo que comprarme una cámara de fotos. He ido hasta el autobús preguntándome cómo puede ser que hubiera una abubilla en la ciudad, en medio de una urbanización llena de obras, ruido y coches, mientras veía al ave volar de edificio en edificio con rumbo errático. Siempre había creído que sólo se podían encontrar en la naturaleza.

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Relief effort

Agosto 26, 2009 · 2 comentarios

Hace poco más de un año escribí un texto autobiográfico al que titulé Relief effort. Mucho tiempo después fue renombrado como Tochazo cuando se lo pasé a la única persona que lo ha leído hasta ahora. El texto nació como una manera de resumir lo que había sido mi triste vida hasta ese momento e intentar comprender y plasmar los detalles más oscuros de mi existencia, en un intento de liberarme de todo el dolor que me consumía. Desde luego, leer las 11 páginas que acabaron por componer Relief effort aka Tochazo como si fuera una espectadora más me hacía ver las cosas de una manera diferente, pero no acababa por conseguir salir de aquello. Fue cuando una persona supo del texto y no me juzgó, sino que me animó cuando supe que lo que necesitaba no era sólo plasmar mi dolor, sino compartirlo y repartirlo, para que pesara menos. Y vaya si eso me ha ayudado.

Ayer tuve un nuevo momento Relief effort en forma de chat. Había algo que me rondaba y que para mí era importante aclarar y no sabía si iba a salir bien. Por suerte, parece que era todo una confusión por mi parte y ha quedado todo aclarado de buena manera. Hoy, después de una temporada de bajón, he despertado con una sonrisa. Como dicen en una página a la que me he enganchado: GMH.

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Quiero tener una afición

Agosto 25, 2009 · 3 comentarios

Llevo mucho tiempo pensándolo: quien no tiene un hobby, no tiene nada. Aficiones hay miles para elegir, desde colecionar cosas (armas, abanicos, cromos, figuritas de coches, peluches, o infinitas cosas de una temática concreta…) a coser, tejer, tunear vehículos, practicar escalada o buceo, beber vino, escribir, tocar instrumentos, jugar al rol o aprender mucho de algún tema (dinosaurios, el antiguo Egipto, aviones, tecnología…).

Yo veo que la gente tiene siempre algún hobby al que dedica parte de su tiempo y que, sobre todo, les mantiene vivos e ilusionados. Y yo, en cambio, no consigo aficionarme a nada que no sea engancharme a una serie. Me gustaría tener una afición por la que dar mi vida, no al estilo enfermizo de un otaku japonés (que por otra parte, aclaro: otaku se usa precisamente para denominar a una persona que está volcada al 100% por su afición, sin que sea necesariamente el manga) pero sí que me entretenga y me anime cada día a seguir con ella. Que la gente me pueda decir: “Hey, mañana hacen un reportaje de X, ¿a ti no te gustaba eso?” o “Vi en mi viaje a Y esto y me acordé de ti irremediablemente y te lo compré”.

Lo he intentado varias veces, aunque nunca le pongo mucho empeño porque, como lo hago por obligación, no me motiva y no me acabo por aficionar. ¿Qué hago? ¿Me compro un libro de dinosaurios y me paso el día hablándole a la gente que me aguante de saurisquios o terópodos? ¿Empiezo una de esas carísimas colecciones que aparecen en septiembre todos los años sobre relojes de bolsillo, dedales de colección o casas de muñecas rústicas? ¿Me apunto un grupo de astronomía (que no astrología) para observar las estrellas los días de luna llena? Sé que no es algo a lo que debería obligarme, pero… ché, quiero tener una afición. Y mirar cada día las audiencias de una televisión que ya ni siquiera veo y saberme los shares de todos los canales y programas no lo considero una afición, no.

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Adiós a Tuenti y Facebook

Agosto 5, 2009 · 6 comentarios

Ayer decidí borrar mis cuentras de Tuenti y Facebook. A pesar de que pudíera parecerles a algunos un ataque de rabia momentáneo, no es así. Lo llevaba meditando desde hace mucho tiempo ya. Las razones principales son la falta de intimidad y el gran egocentrismo que reina por estos lugares. Antes las fotos más íntimas o graciosas se las pasabas indiviualmente a tus amigos para reíros un rato, ahora se ha convertido en una competición de a ver quién sube más fotos borracho o dándose picos con sus amigas. Hemos convertido nuestras vidas en reality-shows, dejando que unas cámaras, por ahora de fotos pero quién sabe qué pasará dentro de unos años, nos capturen durante todos los momentos de nuestra vida y que los demás puedan husmear en ella.

Por supuesto, esos momentos suelen ser los momentos en los que te lo pasas bien, con los colegas, de juerga, en la playa… Nadie se hace fotos en la soledad de su habitación después de haber estado llorando todo el día por lo triste que siente su existencia o yendo a comprar la comida que acabarás cocinando mientras sudas a chorretones y maldices tener que comer. La vida virtual se ha convertido en una competición de quién tiene más fotos subidas, quién tiene más amigos, quién tiene más comentarios… Yo tengo amigos y comentarios de gente que me ve por la calle y apenas me hace un gesto con la cabeza, mientras que en tuenti me dejaba comentarios tales como: “tiaaaa cuanto tiempooo, q s de tu vida? tenemos q qdar un dia destos q siempre as sido una d mis mejores amigas y quero retomar la amistad bueno nos vemos jajaja chauu”. Y yo flipaba.

La intimidad ya no existe. Dejó de existir hace ya mucho tiempo, cuando los teléfonos móviles fueron asequibles para gran parte de la población y podías ser localizado por quien fuera a todas horas. A mí me sigue pareciendo una tremenda falta de educación estar charlando con alguien y que te deje la palabra en la boca para responder a una llamada de su amiga Pepita, con la que se queda media hora hablando sabiendo que tú sólo escuchas la mitad de la conversación. ¿Dónde ha quedado eso de “ahora no puedo hablar, luego te llamo”? Con las redes sociales pasa tres cuartos de los mismo. Tus “amigos” pueden, cuando les da la gana, entrar en tu intimidad, cotillear tus fotos y comentarios,  y decirte de quedar a tal hora en tal sitio con un evento. Me parece mucho más personal que vayan a buscarte a tu casa, por sorpresa y te toquen al telefonillo y te digan “¿bajas?”. Había veces con que se encontraban con la desagradable sorpresa de que no estabas en casa y les tocaba volver solos a la suya mientras pensaban “si hubiera ido hace una hora como tenía pensado seguro que estaría en casa, jo”. Ahora debes dejar tus otros planes porque con una semana de antelación de medio-obligan a aceptar un evento y, si tienes otros planes o no te apetece ir, te echan en cara que tenías una semana para decirlo.

Por último, nunca llegas a saber qué pueden hacer con la información e imágenes de dejas en la red al alcance de todos. Los casos de cyber-bulling de multiplican; de hecho, aquí, en mi pequeño pueblo, se dio uno de los primeros, que acabó siendo un escándalo en las noticias cuando yo todavía iba al instituto. Además, por mucho que borres, la información queda allí. Me explico: acabo de entrar en facebook para comprobar que me habían borrado la cuenta y me han enviado un correo diciéndome “su cuenta ha sido reactivada”. Es decir, por mucho que la borre, sólo con meter mi correo y contraseña de nuevo, la cuenta se reactiva. ¿Qué nos indica eso? Que no nos borran de su base de datos, que simplemente nos guardan en un cajón esperando a que volvamos, sin eliminar todo lo que nosotros les hemos pedido que borren.

La intimidad, he dicho, ya no existe.

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Escribiendo poesía

Julio 6, 2009 · 10 comentarios

Decidí no escribir más poesía después de, pasada la euforia del momento, releer lo que había escrito. Era infantil y nada medido a partes iguales. Casi tan ridículo como aquel poema con el que quedé finalista en un estúpido concurso del cole con 11 años en el que hablaba de la primavera rimándola con flores, colores y olores. Lo peor es que esta vez iba en serio, o eso suponía yo. Hablaba de amor, claro, y de tragedias que acababan en suicidio u otros actos sangrientos. No tengo término medio.

Por supuesto, la rima brillaba por su ausencia la mayoría de las veces y la medida de los versos… ¿qué carajo es eso? Pero quedaba tan, qué sé yo, bohemio y romántico. Y ahí están todos, tímidamente esperando en una carpeta de mi ordenador, deseando que alguien los lea. En realidad todos han sido leídos por la única persona que pensé que no me engañaría al juzgarme y siempre pensaba que me engañaba. Escribir poesía siempre me ha parecido una chorrada, léase chorrada como sencillo. Era muy fácil escribir algo y que quedara bien en verso.

De hecho, ahora mismo,
puedo hacer como si realmente
estuviera escribiendo poesía.
Sólo dándole al intro de vez en cuando
e intentando que esta tontería
escrita en diez segundos
tenga algo de ritmo.
Ahora, sin duda, sólo falta
un final desgarrador, cortante
que nos deje sin aliento
y nos obligue a bajar la cabeza
para hacer una reverencia.

Y ya está. Sustiyes las palabras de arriba por “amanecer”, “labios”, “piel” o “luna” y tienes un poema bien digno. Ahhh, amigos, el secreto del poeta ha sido revelado.

En realidad, descubrí que no es tan fácil. Que los míos gustaban porque quién los leía me apreciaba lo suficiente como para no ser objetiva. Que hay que tener algo para escribir poesía, algo que no puedo explicar. Afortunadamente para el mundo, dejé mi prematura carrera de poeta antes de que ninguno de los poemas pudiera ver la luz. A veces es mejor asumir que algo no se nos da bien ni se nos va a dar nunca. No podemos ser perfectos.

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Nada

Julio 4, 2009 · 6 comentarios

Sé que la estás esperando, la actualización no llega. Esperas, vuelves a dar al link, pero no está. Nadie ha escrito un mensaje que subliminalmente se dirige a ti, ya sea un mensaje acusador, de culpa, arrepentimiento o apoyo. No hay nada.

Te preguntas por qué esta vez no hay nadie pensando en ti. Sientes tu pequeñez como una piedra pesada y te compadeces de ti. “No me dice nada”, piensas, “no me dice nada de nada. No le importo”. Y no es que no le importes, pero, sí, ella no te dirá nada excepto que no te va a decir nada.

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Una confesión

Junio 29, 2009 · 4 comentarios

Supongo que será que me conformo con poco. Eso,  y que desde hace unas semanas no lo estaba pasando demasiado bien. También doy por hecho que esto último es culpa mía aunque en un principio no quisiera reconocerlo. Y que de mi sentimiento de inferioridad y el hecho de no tener a alguien al que pueda llamar de verdad amigo  no tiene culpa otra persona más que yo. Supongo que debería haberme dado cuenta mucho antes de lo que pasaba y no complicar las cosas con mi comportamiento digno de una niña de 8 años aunque físicamente esté a un par de días de cumplir los 20. Supongo  que si mis compañeros de clase me ignoran y se burlan de mí a mis espaldas no es porque casualmente sean todos ellos unos cretinos. Y también que si mis notas son las que son es porque no estudié lo suficiente.

Como digo, supongo que me conformo con poco, pero me has hecho pasar uno de mis mejores días sólo viendo series, yendo a la playa y disfrutando a media noche con los fuegos artificiales.

Categorías: personal

Sentimientos encontrados

Junio 1, 2009 · Dejar un comentario

bipolar

Estos últimos días han sido muy extraños anímicamente hablando. Es como un microcosmos de bipolaridad en el que en un mismo día puedo cambiar de un estado a otro independientemente de cómo se esté desarrollando mi entorno exterior. En una semana he pasado por normalidad, aburrimiento total, desesperanza, ganas de dejarlo todo, felicidad total, decepción con la gente, esperanza en la humanidad, vuelta a la decepción, angustia exagerada e irracional, malestar general del cuerpo, diversión infinita, llanto imposible de evitar… Y así hasta un sinfín de estados que se harían muy largos de relatar.

No entiendo por qué unas sencillas palabras pueden acabar tambaleando mi mundo hasta el punto de acabar teniendo el sentimiento contrario al que hacía un segundo tenía. Por qué, por ejemplo, siempre que escucho ese adjetivo que indica poco tamaño se me pone una sonrisa en la cara y olvido todos los malos momentos que he podido tener durante el día. Por desgracia, las personas y las palabras que pueden animarme son nimias si las comparamos con aquellas que acaban por hundirme.

Sinceramente, no sé cómo terminar esta entrada así que haré dos versiones: para pesimistas y para optimistas. Si no haces trampas, deberías sólo leer laque te corresponte.

Optimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la hace tan valiosa. Las palabras que consiguen hacerme sentir afortunada de estar viva son pocas, pero me hacen olvidar por completo los malos momentos. Merece la pena soportar un día horrible para disfrutar de unos minutos de bienestar total sintiendo que realmente lo mereces. Porque todos necesitamos sentirnos queridos, útiles, importantes o, simplemente, vivos de vez en cuando. En eso consiste en realidad la felicidad, en llenar el gran vacío que todos tenemos dentro de nosotros con las piezas que encajen correctamente en él.

Pesimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la convierte en un arma de doble filo. Pretendemos pasar nuestra vida intentando buscarla y nos esforzamos tanto que cuando la encontramos nos sabe a poco. ¿Para eso tanto esfuerzo, tanto sacrificio? ¿Realmente merece la pena? Dudo que cualquiera de vosotros fuera capaz de pasarse un mes trabajando para sólo cobrar un día. Quizá sea mejor no tener esperanzas para que así nadie te las pueda destruir.

¿La opción que yo elijo? Os lo he dicho: ahora mismo una, dentro de unos minutos la contraria.

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This is the life

Mayo 23, 2009 · 1 comentario

rumours-nightclub

Todos nos hemos encontrado en algún momento pensando en la que es quizá la primera gran pregunta que se hizo el ser humano: cuál es el sentido de la vida, cuál es la razón de nuestra existencia. No podemos evitarlo ni huir de ello, todo tipo de personas con más o menos cultura teorizan aunque sea hacia sus adentros sobre ellos.

Sales una noche y ves a jóvenes medio borrachos haciendo cosas de las que te avergüenzas hasta tú y que sabes que desearán no recordar dentro de 12 horas. Bailes, alcohol, chistes malos, juegos estúpidos, vómitos, drogas blandas, risas, besos, náuseas… Te vuelves a repetir que no perteneces a esto y que nunca conseguirás entenderlo. Y te preguntas si esos personajes vestidos de putilla barata o de chulazo se habrán planteado alguna vez en lo extraordinaria, para bien o para mal, lo única, lo limitada, lo vacía, que es su existencia. Pero entonces les miras a los ojos y de das cuenta que detrás de ese débil y ebrio brillo de sus pupilas se encuentra una necesidad de no tener que pensar en esas preguntas. Porque les aterra la respuesta o no saben cómo dar con ella.

El que se hace preguntas es, pues, el plasta. No está permitido pensar a partir del viernes por la tarde, ya ha terminado la semana universitaria. Sin embargo, con un poco de observación puedes ver que están asustados, desde la chica que ha pasado horas teorizando sobre la mejor manera de enseñar el canalillo y como fingir sentirse ofendida si se lo miran hasta el chico que dentro de 10 años acabará con lumbalgia debido a la postura que tiene que adoptar por el peso de las cadenas de oro que intentan ahorcarlo. Están asustados porque se han dado cuenta de que su fútil existencia se acabará pronto y que nada cambiará en el mundo cuando ellos se vayan: no son NADA. Así que deciden que la mejor manera de darle un sentido a su vida es no pensar en ella: cabeza vacía, corazón contento.

Siempre había creído que este tipo de gente que parece que tenga serrín en la cabeza era así porque nunca se habían parado a reflexionar sobre nada ni les había interesado aprender, pero ahora me he dado cuenta de que son los más inteligentes de todos. Han conseguido el método definitivo para ser felices, lo han puesto en práctica ¡y les funciona! No pensar, ese es el truco, diga lo que diga nuestro amigo Punset.

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Aborto

Mayo 21, 2009 · 3 comentarios

Esta vez parecía que se habían dado prisa. Sólo unas cuantas horas después de terminar el examen las notas ya estaban subidas en la red para goce y desgracia, según el esfuerzo y tiempo dedicado, de los alumnos. Yo me encontraba entre los segundos. Ni había estudiado ni pensaba que me había salido demasiado bien, simplemente no veía ninguna posibilidad.

Abrí el archivo pdf sin ninguna prisa y miré mi nota:
- He aprobado – dije con una voz carente de emociones.
Mi compañera me miró, me sonrió y me contesto:
- Te lo dije.

Y yo seguí a lo mío. No sentía en esos momentos ninguna emoción positiva por haber conseguido superar un examen que me parecía imposible. No estaba de humor. Hacía unos minutos había discutido con mi compañera, cosa que últimamente se estaba convirtiendo en el pan de cada día.

Hablábamos del aborto. Yo estaba a favor, ella en contra. Nada nuevo bajo el sol de España.
- Pero con mi opinión yo no estoy obligando a nadie que no quiera a que aborte, y en cambio, estando en contra, obligas a gente que sí quiere hacerlo a no poder. De hecho, yo nunca abortaría pero no me parece mal que haya personas que, por las circunstancias que sean, lo hagan. No es algo que se haga por gusto, las niñas no van a quedar para decir “Eh, tías, vamos este viernes a abortar”. Es traumático. Es el final de un problema que empieza mucho antes, en la educación sexual. Deberíamos plantearlo así y buscar una solución desde el principio. ¿Por qué las niñas abortan? Porque se quedan preñadas. ¿Por qué se quedan preñadas? Ese es el gran problema.
- Pues no estoy de acuerdo. Ahora hay mucha información y no tiene que ver con la educación, ya los educan para eso. Y en cuanto a estar a favor de eso, es como un asesinato, es como si ahora me dijeras que está bien volver con la esclavitud de negros.
- La diferencia es que los negros no querían ser esclavos. La persona que aborta no lo hace por obligación. Y digo yo que debe tener más derechos que un cúmulo de células totipotentes que todavía no han acabado de especializarse. Las niñas que se quedan embarazadas no pueden cargar con un crío toda su vida, un crío que va a estar repudiado, mal criado. Y si lo dan en adopción tendrán para siempre la lacra de haber parido y haber abandonado al niño.
Entonces vi que me giraba la cara y empezaba a no querer escucharme:
- Oye, ¿te has cabreado? – le pregunté.
- No me he cabreado, me has decepcionado. Si hubiera sabido esto hace 6 meses quizá tú y yo…
Decidí callarme y no liar más la cosa.

Después de unas horas, la abordé de nuevo, intentando comprenderla.
- ¿De verdad piensas que te he decepcionado?
- Sí.
- Tú ya sabías que opinaba así.
- No lo sabía – sabía que mentía, o quizá se le hubiera olvidado, pero de lo que yo podía estar segura es de que ya habíamos hablado del tema.
- ¿Qué hubiera pasado si lo hubieras sabido antes?
- Probablemente no estaría contigo.

Le solté la mano. Era increíble que me estuviera diciendo eso. Traté de hacer que entrara en razón, de decirle que la gente tiene opiniones diferentes y por no compartir una de ellas no pasan esas cosas. Que hay muchas opiniones suyas que yo no comparto (por ejemplo, esto mismo) pero que en ningún momento se lo voy a echar en cara o la voy a despreciar por eso. No me importa que esté en contra del aborto, es su opinión como las hay miles en este maldito país. Pero parece que por estar yo a favor sea poco menos que una asesina en potencia. No lo compartas, pero no me digas esas burradas que acabas de soltar.

Tócate las narices. Yo soy un monstruo por eso pero, en cambio, debo aceptar y reírme de sus chistes de mutilados, negros, enfermos o mujeres maltratadas y escucharla reír y decir “se lo merece, por gilipollas” mientras le cuento sorprendida que un hombre le ha dado una paliza que le ha dejado en coma a un profesor que intentaba defender a una mujer a la que estaba pegando. Repito, tócate las narices.

Decidimos dejar el tema. Queda en el aire y volverá a resurgir otro día, eso seguro. Más grande, más dañino. ¡Esa dichosa manía de dejar las cosas a medias!. Yo, por lo pronto, ya estoy dolida. No por lo que opina del tema, sino por lo que opina de mí.

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