Esta vez parecía que se habían dado prisa. Sólo unas cuantas horas después de terminar el examen las notas ya estaban subidas en la red para goce y desgracia, según el esfuerzo y tiempo dedicado, de los alumnos. Yo me encontraba entre los segundos. Ni había estudiado ni pensaba que me había salido demasiado bien, simplemente no veía ninguna posibilidad.
Abrí el archivo pdf sin ninguna prisa y miré mi nota:
- He aprobado – dije con una voz carente de emociones.
Mi compañera me miró, me sonrió y me contesto:
- Te lo dije.
Y yo seguí a lo mío. No sentía en esos momentos ninguna emoción positiva por haber conseguido superar un examen que me parecía imposible. No estaba de humor. Hacía unos minutos había discutido con mi compañera, cosa que últimamente se estaba convirtiendo en el pan de cada día.
Hablábamos del aborto. Yo estaba a favor, ella en contra. Nada nuevo bajo el sol de España.
- Pero con mi opinión yo no estoy obligando a nadie que no quiera a que aborte, y en cambio, estando en contra, obligas a gente que sí quiere hacerlo a no poder. De hecho, yo nunca abortaría pero no me parece mal que haya personas que, por las circunstancias que sean, lo hagan. No es algo que se haga por gusto, las niñas no van a quedar para decir “Eh, tías, vamos este viernes a abortar”. Es traumático. Es el final de un problema que empieza mucho antes, en la educación sexual. Deberíamos plantearlo así y buscar una solución desde el principio. ¿Por qué las niñas abortan? Porque se quedan preñadas. ¿Por qué se quedan preñadas? Ese es el gran problema.
- Pues no estoy de acuerdo. Ahora hay mucha información y no tiene que ver con la educación, ya los educan para eso. Y en cuanto a estar a favor de eso, es como un asesinato, es como si ahora me dijeras que está bien volver con la esclavitud de negros.
- La diferencia es que los negros no querían ser esclavos. La persona que aborta no lo hace por obligación. Y digo yo que debe tener más derechos que un cúmulo de células totipotentes que todavía no han acabado de especializarse. Las niñas que se quedan embarazadas no pueden cargar con un crío toda su vida, un crío que va a estar repudiado, mal criado. Y si lo dan en adopción tendrán para siempre la lacra de haber parido y haber abandonado al niño.
Entonces vi que me giraba la cara y empezaba a no querer escucharme:
- Oye, ¿te has cabreado? – le pregunté.
- No me he cabreado, me has decepcionado. Si hubiera sabido esto hace 6 meses quizá tú y yo…
Decidí callarme y no liar más la cosa.
Después de unas horas, la abordé de nuevo, intentando comprenderla.
- ¿De verdad piensas que te he decepcionado?
- Sí.
- Tú ya sabías que opinaba así.
- No lo sabía – sabía que mentía, o quizá se le hubiera olvidado, pero de lo que yo podía estar segura es de que ya habíamos hablado del tema.
- ¿Qué hubiera pasado si lo hubieras sabido antes?
- Probablemente no estaría contigo.
Le solté la mano. Era increíble que me estuviera diciendo eso. Traté de hacer que entrara en razón, de decirle que la gente tiene opiniones diferentes y por no compartir una de ellas no pasan esas cosas. Que hay muchas opiniones suyas que yo no comparto (por ejemplo, esto mismo) pero que en ningún momento se lo voy a echar en cara o la voy a despreciar por eso. No me importa que esté en contra del aborto, es su opinión como las hay miles en este maldito país. Pero parece que por estar yo a favor sea poco menos que una asesina en potencia. No lo compartas, pero no me digas esas burradas que acabas de soltar.
Tócate las narices. Yo soy un monstruo por eso pero, en cambio, debo aceptar y reírme de sus chistes de mutilados, negros, enfermos o mujeres maltratadas y escucharla reír y decir “se lo merece, por gilipollas” mientras le cuento sorprendida que un hombre le ha dado una paliza que le ha dejado en coma a un profesor que intentaba defender a una mujer a la que estaba pegando. Repito, tócate las narices.
Decidimos dejar el tema. Queda en el aire y volverá a resurgir otro día, eso seguro. Más grande, más dañino. ¡Esa dichosa manía de dejar las cosas a medias!. Yo, por lo pronto, ya estoy dolida. No por lo que opina del tema, sino por lo que opina de mí.