Leo el titular y me quedo un poco en shock. Muere Daniel el Kum, jurado de “Supermodelo”, tras saltar al vacío de su casa en llamas. Dejemos al margen que, sí, sé quién es porque seguí (lo admito con la cabeza bien baja, que conste) la primera edición de Supermodelo el año en el que era una fanática de Cuatro.
Me leo la noticia entera. Al parecer, Daniel tenía algún tipo de problema mental. Desde que se mudó a ese edifício había salido gritando dos veces que había fuego en su casa, tenía comportamientos extraños y sus vecinos estaban muy molestos con él. No se descarta que fuera él mismo el que provocara el incendio que le llevó a refugiarse en el balcón de su casa para acabar saltando en un momento de desesperación con su perro en brazos justo cuando los bomberos iban al fin a alcanzarlo con la escalera auxiliar.
Después, hago un repaso por los comentarios que han dejado los usuarios de la web sobre la noticia y me sorprendo, quizá más que con la noticia en sí. Muchos dejan más o menos evidente que no les importa su muerte, o que se la merecía, por estar “loco”. Incluso hay algunos que sólo piensan en el pobre y mal parado perro.
Ya sé que no es comparable sólo por el hecho de que es posible que haya sido él mismo el que ha provocado el incendio debido a su estado mental, poniendo su vida y la de los demás en peligro, pero si en la noticia no hubieran especificado que podía opadecer un transtorno mental, no hubiera tenido que leer esos comentarios, casi jocosos, carentes de cualquier tipo de sensibilidad. Claro, como el tipo estaba loco no importa, aunque sea una enfermedad igual que cualquier otra.
Y con esto, no podemos evitar desviarnos del tema y pensar que, al igual que hay defectos buenos y malos, también ocurre lo mismo con las enfermedades. Tener cancer, leucemia, algún problema de movilidad, Parkinson, Alzheimer, diabetes… siempre despertará en nosotros un sentimiento de pena que no ocurre con otras enfermedades. “Pobrecillo, no se lo merece”, “nos puede pasar a todos”.
Pero padecer una esquizofrenia, una demencia, SIDA o cualquier otra enfermedad mental o de transmisión sexual… eso es agua de otro costal. Esos chalados y promiscuos merecen todo lo malo que les ocurre. Esa es la mentalidad que impera todavía en España y, por desgracia, en casi todo el mundo. No nos damos cuenta que una enfermedad mental sigue siendo al fin y al cabo una enfermedad, y por mucho miedo que nos dé el loco de la esquina que no para de hablar sólo, hay que respetarlo como ser humano y como enfermo y no pensar que es así porque quiere.
Vemos a las enfermedades mentales como enfermedades repulsivas y no sólo por el miedo que nos puede provocar que a un “loco” se le crucen los cables y nos haga daño, cosa que no puede pasar con una enfermedad física. Un enfermo mental es inferior, un desecho humano y, aunque con el tratamiento adecuado pueden tener una vida completamente normal, siguen sintiéndose avergonzados y no son capaces de confesar su enfermedad más que a los amigos más íntimos por temor a ser rechazados..
Imagina que estás en un parque y se sienta en un banco, a tu lado, una señora con pañuelo en la cabeza que te dice “es que tengo cáncer”. Imagina ahora que esa misma señora, en lugar de decirte eso se toma unas pastillas y te dice “soy esquizofrénica”. ¿Qué pensarías y cómo reaccionarías en ambas situaciones? Estoy segura de que casi ninguno de nosotros sería justo.




4 respuestas hasta el momento ↓
Leithient // Junio 23, 2009 a 9:38 pm |
Estoy completamente de acuerdo con la crítica que haces (a pesar de que a mí también me ha sorprendido lo del perro). Lo único que matizaría es que entiendo hasta cierto punto que a una persona le dé más miedo que pena sentarse al lado de alguien con problemas mentales graves, pero por una simple cuestión de seguridad personal.
Iræ // Junio 23, 2009 a 9:42 pm |
Precisamente he matizado que la persona esquizofrénica se toma una pastilla, es decir, la medicación. No alguien que te susurra al oído: “soy esquizofrénico”, sino que al ver nosotros que toma medicación, nos especifica de qué es.
Pero sí, yo también, seguramente, sufriría aunque sea un poco, por mi seguridad personal en esa situación, aunque me pese decirlo.
juan // Julio 3, 2009 a 11:58 am |
No es marginación al enfermo mental , es miedo a lo desconocido, nadie puede prever como va a reaccionar un esquizofrenico, no responde a ningun patrón, por ejemplo el que empujó a un hombre a las vias del metro, en su cabecita desordenada estaba haciendo lo correcto. Yo no los quiero de vecinos, lo siento. mi hermano tiene esquizofrenia y se de que hablo. al primero que hay que proteger es al enfermo por eso deben estar en centros preparados para atenderles
Iræ // Julio 3, 2009 a 10:37 pm |
Si dices que sabes de lo que hablas, no te lo discuto.
De todos modos, me parece injusto que porque el fallecido pudiera tener una enfermedad mental se rieran de él y no les importara para nada su muerte.