Nunca había hecho esto antes: ponerme a comentar un libro cuando apenas llevo algo más de 50 páginas y sólo 3 capítulos pero “El gen egoísta: Las bases biológicas de nuestra conducta” de Richard Dawkins me tiene enganchada. Y no enganchada en el sentido tradicional, cuando te lees el libro en unas horas; en realidad tres días para leer tres capítulos es muy poco. Estoy enganchada porque no puedo dejar de pensar en él y en las afirmaciones que por ahora he encontrado y leo poco a poco precisamente por eso (y porque tengo pocos huecos también). Ayer mi padre me llevaba a la universidad en coche, cosas de la crisis, y me vio con el libro abierto y mirando hacia delante. “Qué, ¿ya te has vuelto a quedar empaná?”. “No papá, estoy pensando en lo que pone en este libro”, le contesté.
La lectura, como he dicho, se está haciendo tremendamente lenta, pero porque voy subrayando, doblando páginas y haciendo comentarios al margen en casi cada una de las hojas. Algunos comentarios son de crítica, ya que me parece un poco infantil la manera de explicar el funcionamiento del DNA y su replicación y recombinación para formar gametos, pero las metáforas en realidad son muy útiles para aquel que se adentra por primera vez en este campo.
El libro nos habla básicamente (y por ahora) del campo sobre el que actúa la selección natural. Tradicionalmente se ha pensado que eran poblaciones más aptas las que se seleccionaban, mientras que Dawkins opina que lo que se seleccionan son los genes y que todo lo demás, nosotros mismo como cuerpo y mente “somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células“. De primeras sólo se puede pensar que el hombre se ha vuelto loco, pero a medida que te adentras en el libro tienes que darle la razón. Esto, tristemente, nos deja a los humanos a la altura del betún. Somos robots sometidos a la voluntad de nuestros genes y, aunque sí, podemos esquivar la influencia que ejercen sobre nosotros como un esclavo se puede revelar a su amo (sin consecuentas tan nefastas para nosotros, claro), la influencia está ahí. Por eso a veces me parece que este libro tiene buena parte de contenido filosófico.
También el que lea este libro tiene que tener claro que cuando dice cosas como por ejemplo “los replicadores intentaron mejorar la maquinaria en la que vivían para que la selección natural actuara a favor de ellos” (no es una cita literal, no tengo el libro a mano), no hay que olvidar que en la biología, como en casi toda la ciencia, no existe el finalismo. Lo que ocurre no tiene una finalidad concreta. No existe un “¿para qué?” ocurre eso, sino un “¿cómo y por qué?”. Los replicadores, los genes, no mejoran las condiciones para que ocurra algo, para evolucionar y ser mejores que los otros, sino que lo hacen porque así son más estables, sobreviven porque tienen mayores posibilidades de hacerlo que otros. En realidad, ni ellos ni la selección natural, por mucho que la citen como algo consciente (“la selección natural selecciona a los más aptos“, cita generalizada en una conversación informal), no tienen voluntad, no deciden. La selección natural es un hecho, no un ser omnipotente que elige lo que vale y lo que no, como a veces imaginamos por la manera en la que se habla de ella (y la manera en la que se nombra, Selección Natural, en mayúsculas, como si se hablara de Dios.)
Poco más puedo comentar ya si no tengo una idea global del libro, y eso sólo ocurrirá cuando me lo termine. Espero que siga en su línea de ir sorprendiéndome y no acabe por tragarme mis palabras.
El comentario completo del libro se hará, supongo, en el blog de críticas y reseñas que llevamos S. Dedalus y yo.





6 respuestas hasta el momento ↓
Leithient // Junio 5, 2009 a 12:33 pm |
Vaya, si me han citado. Tengo pendiente leer el libro, aunque no creo que disfrute tanto como tú. Ya comentaré; pero no me gustan los libros de ciencia con un contenido «filosófico» que te intenta «ideologizar».
Iræ // Junio 5, 2009 a 12:41 pm |
El contenido filosófico lo extraes tú (yo en este caso) al leer el libro. El tío no adoctrina de ninguna manera, si es lo que intentas decir.
Es como si ahora te dicen: se ha demostrado científicamente que realmente existe una desambiguación entre cuerpo y mente y no están conectados. Si reflexionas sobre eso concluyes que podrían referirse a lo que alguno llaman alma, y eso nos haría replantearnos muchas cosas, no?
PD: Vale, el ejemplo es una mierda, pero no tengo tiempo para pensar otro más elaborado xD
Leithient // Junio 5, 2009 a 12:44 pm |
No voy a opinar más porque no lo he leído, pero hay muchas más maneras de adoctrinar que diciendo: «eh, no existe el altruismo porque nuestros genes tampoco lo son». Ya imagino que, en caso de que lo haya, será sutil, si no, el libro no hubiese tenido tanto éxito.
Iræ // Junio 5, 2009 a 12:52 pm |
Recomiendo que te leas el libro
XXX // Junio 10, 2009 a 11:47 am |
A mí me pasó algo parecido cuando lo leí, es un libro que engancha, sobretodo porque Dawkins es un gran divulgador, pero no estoy de acuerdo con gran parte de su contenido. En cuanto a las metáforas, es verdad que son útiles pero hay que tener mucho cuidado con ellas porque mucha gente se las toma al pie de la letra (incluso algunos científicos) y me parece que este libro abusa de ellas. He visto en tu perfil que te gusta la paleontología, en ese caso supongo que conocerás a Gould, si aún no lo has leído te recomiendo que lo hagas cuanto antes
y que empieces por “El Pulgar del Panda”; aparte de ser un gran libro, me parece recordar que hace una crítica muy buena, en mi opinión, al gen egoísta. Y para compensar, te recomendaré otro de Dawkins (para mí bastante mejor que “El Gen Egoísta”): “Destejiendo el Arco Iris”.
Un saludo.
Víctor // Junio 10, 2009 a 1:12 pm |
Dawkins me parece un excelente divulgador, que ha introducido varios conceptos muy útiles en la “biología popular”, por así decir. Lástima que su imagen, sobre todo en el mundo anglosajón, esté completamente empañada por ciertos grupos cristianos y creacionistas estadounidenses.