Estos últimos días han sido muy extraños anímicamente hablando. Es como un microcosmos de bipolaridad en el que en un mismo día puedo cambiar de un estado a otro independientemente de cómo se esté desarrollando mi entorno exterior. En una semana he pasado por normalidad, aburrimiento total, desesperanza, ganas de dejarlo todo, felicidad total, decepción con la gente, esperanza en la humanidad, vuelta a la decepción, angustia exagerada e irracional, malestar general del cuerpo, diversión infinita, llanto imposible de evitar… Y así hasta un sinfín de estados que se harían muy largos de relatar.
No entiendo por qué unas sencillas palabras pueden acabar tambaleando mi mundo hasta el punto de acabar teniendo el sentimiento contrario al que hacía un segundo tenía. Por qué, por ejemplo, siempre que escucho ese adjetivo que indica poco tamaño se me pone una sonrisa en la cara y olvido todos los malos momentos que he podido tener durante el día. Por desgracia, las personas y las palabras que pueden animarme son nimias si las comparamos con aquellas que acaban por hundirme.
Sinceramente, no sé cómo terminar esta entrada así que haré dos versiones: para pesimistas y para optimistas. Si no haces trampas, deberías sólo leer laque te corresponte.
Optimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la hace tan valiosa. Las palabras que consiguen hacerme sentir afortunada de estar viva son pocas, pero me hacen olvidar por completo los malos momentos. Merece la pena soportar un día horrible para disfrutar de unos minutos de bienestar total sintiendo que realmente lo mereces. Porque todos necesitamos sentirnos queridos, útiles, importantes o, simplemente, vivos de vez en cuando. En eso consiste en realidad la felicidad, en llenar el gran vacío que todos tenemos dentro de nosotros con las piezas que encajen correctamente en él.
Pesimistas: Sin embargo, es ese caracter efímero de la felicidad lo que la convierte en un arma de doble filo. Pretendemos pasar nuestra vida intentando buscarla y nos esforzamos tanto que cuando la encontramos nos sabe a poco. ¿Para eso tanto esfuerzo, tanto sacrificio? ¿Realmente merece la pena? Dudo que cualquiera de vosotros fuera capaz de pasarse un mes trabajando para sólo cobrar un día. Quizá sea mejor no tener esperanzas para que así nadie te las pueda destruir.
¿La opción que yo elijo? Os lo he dicho: ahora mismo una, dentro de unos minutos la contraria.





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