16 años. Han sido 16 años los que han transcurrido y todavía recuerdo el primer día que le vi. Por aquel entonces yo no llegaba llegaba al metro de altura y mi afición favorita era jugar a papás y a mamás, así que no pude comprender lo importante que podía llegar a ser para mí. Y lo que iba a llorar al escribir estas líneas más de una década después, aunque todavía no consiga llegar a creerme que se ha ido de nuestras vidas para siempre.
A algunas personas les puede parecer realmente estúpido llorar por un animal, pero ha estado en demasiados momentos de mi vida: desde los primeros dibujos en la infancia a los juegos debajo de nuestra cama antes de acostarnos, las casas de cartón decoradas que le construíamos, las canciones dedicadas a él que inventábamos y grabábamos en las ya viejas cintas de casette. Cuando se colaba entre mis sábanas en invierno para buscar el calor humano o nos peleábamos por el lugar más cercano a la estufa. Cuando se acostaba encima de una camisa recién lavada dejándola llena de pelos imposibles de quitar. Cuando intentaba ronronear al acariciarlo pero sólo escuchábamos un débil zumbido porque no sabía hacerlo. O las noches en vela esperándolo al no volver de una juerga noctura.
Recuerdo hoy especialmente el día aquel en el que, siendo muy pequeñas, mi hermana le dijo que pensara y eligiera entre estrellas y círculos de una especie de linterna de juguete con colores que teníamos. Desde entonces teníamos el chiste de que nuestro gato seguía pensando, indeciso, entre una de las dos opciones porque nunca (obviamente) nos había dicho cuál quería.
Hace un año aproximadamente los achaques de la vejez eran cada vez mayores pero no fue hasta hace unas semanas cuando fue preocupante. El pasado jueves 7 la situación se complicó y tuvimos que sacrificarlo para que no sufriera en las pocas horas que le quedaban. Y de repente, ya no estaba. 16 años, de mis casi 20 que tengo, y ya no estaba con nosotros. Nunca más lo vería. Se me hace demasiado extraño. Prefiero creer que Coco sigue dudando entre elegir las estrellas o los círculos.




2 respuestas hasta el momento ↓
Leithient // Mayo 11, 2009 a 6:37 am |
Creo que la razón de esas lágrimas es perder una parte de todos los recuerdos que has tenido durante dieciséis años. La pena por esa pérdida, sea humana o animal, creo que no sorprendería a nadie (lo digo por cómo empiezas esta entrada).
Sin embargo, ese dolor termina pasando.
Iræ // Mayo 13, 2009 a 11:06 pm |
Sí, el dolor pasa, pero siempre queda un pequeño vacío que no sabes muy bien cómo llenar.
Gracias por el comentario.