Enjoy the silence

Entradas de Mayo 2009

Estación

Mayo 25, 2009 · 1 comentario

Un anciano vestido con un elegante traje color gris entra por la puerta principal y rebusca en la basura. Encuentra un trozo de pan, lo resquebraja para quitarle, supongo, la parte que ha empezado a enmohecer y se guarda el resto en el bolsillo de la chaqueta. Da unos pasos, mira hacia los lados y, al comprobar que nadie le está mirando (se equivoca, hay una chica sentada en un banco de metal que observa todos sus movimientos mientras escribe en una libreta), saca el pedazo de pan del bolsillo y lo va desmigajando mientras se lo echa a la boca. Da media vuelta y sale por donde ha venido.

*****

Un hombre de color de unos veintitantos años se encuentra frente a la puerta principal de la estación, como todos los días. Y, como siempre, está andando de arriba abajo dando pequeños saltos, moviendo brazos y hombros al tiempo que balbucea palabras ininteligibles. La gente se aparta a su paso. Yo me aparto también. Un señor con camiseta playera y bermudas entra por la puerta y se cruza con el hombre de color. Después de dudar y dar varías vueltas se dirige hacia él, le pone una mano en el hombro y con la otra le da una cantidad de dinero que no logro determinar a esta distancia. El Señor Carbón se detiene en seco y se rasca la cabeza haciendo de su gesto una perfecta caricatura de la sorpresa. Mira al hombre que se aleja quieto, como nunca antes lo había visto.

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10 de la noche. Otro hombre de color, llamémosle Pi porque ya no encuentro eufemismos políticamente correctos para “negro”, está de pie, delante de la puerta del pequeño cajero de la CAM de la estación. Parece que Pi está esperando para que la persona que hay dentro termine sus transacciones pero cuando el hombre sale, Pi se cuela dentro y bloquea la puerta para que no se cierre. Sale rápidamente y lo veo volver con un par de cartones bajo el brazo. Se hace una cama con mucho esmero y se echa a dormir. Mañana será otro día para Pi.

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Un hombre con largas barbas y vestido con una camiseta rosa habla consigo mismo y ríe a carcajadas cuando cuente a la gente que pasa lo que para él son chistes graciosísimos pero para el resto sólo son locuras. Un policía se acerca y le invita amablemente a marcharse. El hombre sigue hablando mientras se aleja.

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Varias personas, todos hombres, se me acercan durante diferentes días para pedirme dinero. Sé que algunos lo necesitan de verdad y otros son simples gorrillas que se aprovechan de la generosidad de la gente. Pero, ¿cómo distinguirlos? Algunos reciben dinero de mi parte, otros no; aunque me avergüenzo de ello siempre tengo en cuenta el discriminatorio método del físico. Sé que a veces he acertado pero muchas otras se han burlado en mi cara, por no hablar de las personas a las que he negado mi ayuda cuando realmente necesitaban el dinero. Decido no dejarme engañar más después de darle 20 céntimos a un hombre joven, casi un chaval, al que veo salir por la puerta principal y subir a un coche cuando unos segundos antes necesitaba “urgentemente 20 céntimos que me faltan para el autobús”.

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Todas estas situaciones, reales y vividas en primera persona, se repiten a diario en la estación de autobuses de Alicante. Ahora cada vez que subo a uno de los apestosos e incómodos vehículos de allí pienso en lo afortunada que soy.

Categorías: reflexiones

Meme: diversas preguntas

Mayo 24, 2009 · Dejar un comentario

Hace tiempo que no hacía memes, pero he recordado que S. Dedalus me había nominado para uno hace mucho tiempo.

Un estilo de música: JRock, aunque algunos se empeñen en decir (no les quito la razón) que por ponerle la J delante no es un nuevo estilo, tiene unos matices que no podría explicar aquí. .
Una película: Donnie Darko.
Una serie: Lost.
Una canción: «Greener Pastures», No Doubt.
Un libro: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Phili K. Dick.
Libro actual: actualmente estoy en una pausa literaria debido a exámenes.
El último libro leído: Las estrellas desafiantes, Fredric Brown.
Un mal día: Ayer por la mañana.
Un gran día: Espero que hoy.
Una profesión: Paleontóloga o microbióloga.
Un sueño: Ser feliz.

Categorías: General

This is the life

Mayo 23, 2009 · 1 comentario

rumours-nightclub

Todos nos hemos encontrado en algún momento pensando en la que es quizá la primera gran pregunta que se hizo el ser humano: cuál es el sentido de la vida, cuál es la razón de nuestra existencia. No podemos evitarlo ni huir de ello, todo tipo de personas con más o menos cultura teorizan aunque sea hacia sus adentros sobre ellos.

Sales una noche y ves a jóvenes medio borrachos haciendo cosas de las que te avergüenzas hasta tú y que sabes que desearán no recordar dentro de 12 horas. Bailes, alcohol, chistes malos, juegos estúpidos, vómitos, drogas blandas, risas, besos, náuseas… Te vuelves a repetir que no perteneces a esto y que nunca conseguirás entenderlo. Y te preguntas si esos personajes vestidos de putilla barata o de chulazo se habrán planteado alguna vez en lo extraordinaria, para bien o para mal, lo única, lo limitada, lo vacía, que es su existencia. Pero entonces les miras a los ojos y de das cuenta que detrás de ese débil y ebrio brillo de sus pupilas se encuentra una necesidad de no tener que pensar en esas preguntas. Porque les aterra la respuesta o no saben cómo dar con ella.

El que se hace preguntas es, pues, el plasta. No está permitido pensar a partir del viernes por la tarde, ya ha terminado la semana universitaria. Sin embargo, con un poco de observación puedes ver que están asustados, desde la chica que ha pasado horas teorizando sobre la mejor manera de enseñar el canalillo y como fingir sentirse ofendida si se lo miran hasta el chico que dentro de 10 años acabará con lumbalgia debido a la postura que tiene que adoptar por el peso de las cadenas de oro que intentan ahorcarlo. Están asustados porque se han dado cuenta de que su fútil existencia se acabará pronto y que nada cambiará en el mundo cuando ellos se vayan: no son NADA. Así que deciden que la mejor manera de darle un sentido a su vida es no pensar en ella: cabeza vacía, corazón contento.

Siempre había creído que este tipo de gente que parece que tenga serrín en la cabeza era así porque nunca se habían parado a reflexionar sobre nada ni les había interesado aprender, pero ahora me he dado cuenta de que son los más inteligentes de todos. Han conseguido el método definitivo para ser felices, lo han puesto en práctica ¡y les funciona! No pensar, ese es el truco, diga lo que diga nuestro amigo Punset.

Categorías: personal · reflexiones
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Aborto

Mayo 21, 2009 · 3 comentarios

Esta vez parecía que se habían dado prisa. Sólo unas cuantas horas después de terminar el examen las notas ya estaban subidas en la red para goce y desgracia, según el esfuerzo y tiempo dedicado, de los alumnos. Yo me encontraba entre los segundos. Ni había estudiado ni pensaba que me había salido demasiado bien, simplemente no veía ninguna posibilidad.

Abrí el archivo pdf sin ninguna prisa y miré mi nota:
- He aprobado – dije con una voz carente de emociones.
Mi compañera me miró, me sonrió y me contesto:
- Te lo dije.

Y yo seguí a lo mío. No sentía en esos momentos ninguna emoción positiva por haber conseguido superar un examen que me parecía imposible. No estaba de humor. Hacía unos minutos había discutido con mi compañera, cosa que últimamente se estaba convirtiendo en el pan de cada día.

Hablábamos del aborto. Yo estaba a favor, ella en contra. Nada nuevo bajo el sol de España.
- Pero con mi opinión yo no estoy obligando a nadie que no quiera a que aborte, y en cambio, estando en contra, obligas a gente que sí quiere hacerlo a no poder. De hecho, yo nunca abortaría pero no me parece mal que haya personas que, por las circunstancias que sean, lo hagan. No es algo que se haga por gusto, las niñas no van a quedar para decir “Eh, tías, vamos este viernes a abortar”. Es traumático. Es el final de un problema que empieza mucho antes, en la educación sexual. Deberíamos plantearlo así y buscar una solución desde el principio. ¿Por qué las niñas abortan? Porque se quedan preñadas. ¿Por qué se quedan preñadas? Ese es el gran problema.
- Pues no estoy de acuerdo. Ahora hay mucha información y no tiene que ver con la educación, ya los educan para eso. Y en cuanto a estar a favor de eso, es como un asesinato, es como si ahora me dijeras que está bien volver con la esclavitud de negros.
- La diferencia es que los negros no querían ser esclavos. La persona que aborta no lo hace por obligación. Y digo yo que debe tener más derechos que un cúmulo de células totipotentes que todavía no han acabado de especializarse. Las niñas que se quedan embarazadas no pueden cargar con un crío toda su vida, un crío que va a estar repudiado, mal criado. Y si lo dan en adopción tendrán para siempre la lacra de haber parido y haber abandonado al niño.
Entonces vi que me giraba la cara y empezaba a no querer escucharme:
- Oye, ¿te has cabreado? – le pregunté.
- No me he cabreado, me has decepcionado. Si hubiera sabido esto hace 6 meses quizá tú y yo…
Decidí callarme y no liar más la cosa.

Después de unas horas, la abordé de nuevo, intentando comprenderla.
- ¿De verdad piensas que te he decepcionado?
- Sí.
- Tú ya sabías que opinaba así.
- No lo sabía – sabía que mentía, o quizá se le hubiera olvidado, pero de lo que yo podía estar segura es de que ya habíamos hablado del tema.
- ¿Qué hubiera pasado si lo hubieras sabido antes?
- Probablemente no estaría contigo.

Le solté la mano. Era increíble que me estuviera diciendo eso. Traté de hacer que entrara en razón, de decirle que la gente tiene opiniones diferentes y por no compartir una de ellas no pasan esas cosas. Que hay muchas opiniones suyas que yo no comparto (por ejemplo, esto mismo) pero que en ningún momento se lo voy a echar en cara o la voy a despreciar por eso. No me importa que esté en contra del aborto, es su opinión como las hay miles en este maldito país. Pero parece que por estar yo a favor sea poco menos que una asesina en potencia. No lo compartas, pero no me digas esas burradas que acabas de soltar.

Tócate las narices. Yo soy un monstruo por eso pero, en cambio, debo aceptar y reírme de sus chistes de mutilados, negros, enfermos o mujeres maltratadas y escucharla reír y decir “se lo merece, por gilipollas” mientras le cuento sorprendida que un hombre le ha dado una paliza que le ha dejado en coma a un profesor que intentaba defender a una mujer a la que estaba pegando. Repito, tócate las narices.

Decidimos dejar el tema. Queda en el aire y volverá a resurgir otro día, eso seguro. Más grande, más dañino. ¡Esa dichosa manía de dejar las cosas a medias!. Yo, por lo pronto, ya estoy dolida. No por lo que opina del tema, sino por lo que opina de mí.

Categorías: personal · reflexiones · relatos y similar

Lo que no le gusta de mí

Mayo 13, 2009 · 3 comentarios

Idea fusilada a mi amigo Petrarca.

1. Que me desespere cuando creo que no da tiempo a hacer algo.
2. Que determine cada planta que nos encontramos por el camino.
3. Que la contradiga.
4. Que coma poco nada.
5. Que no me valore a mí misma.
6. Que tenga un sentido de la vergüenza tan desarrollado.
7. Que me sienta ofendida a la mínima de cambio.
8. Que me gusten los cutres de Franz Ferdinand.
9. Que no me guste el café.
10. Que no la deje besarme cuando bebe cerveza.
11. Que me quede durmiendo mientras hablo con ella.
12. Que la sobreestime, según ella.
13. Que pronuncie -t en lugar de -d a final de palabra.
14. Que la llame facha.
15. Mi afición por los zumos a la hora de comer.
16. Mi impuntualidad (a veces).
17. Que me aburra Ismael Serrano.
18. Que me esconda cuando lloro.
19. Mi flequillo.
20. Que sea tan sumamente LENTA.

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Categorías: personal

16 años

Mayo 11, 2009 · 2 comentarios

16 años. Han sido 16 años los que han transcurrido y todavía recuerdo el primer día que le vi. Por aquel entonces yo no llegaba llegaba al metro de altura y mi afición favorita era jugar a papás y a mamás, así que no pude comprender lo importante que podía llegar a ser para mí. Y lo que iba a llorar al escribir estas líneas más de una década después, aunque todavía no consiga llegar a creerme que se ha ido de nuestras vidas para siempre.

A algunas personas les puede parecer realmente estúpido llorar por un animal, pero ha estado en demasiados momentos de mi vida: desde los primeros dibujos en la infancia a los juegos debajo de nuestra cama antes de acostarnos, las casas de cartón decoradas que le construíamos, las canciones dedicadas a él que inventábamos y grabábamos en las ya viejas cintas de casette. Cuando se colaba entre mis sábanas en invierno para buscar el calor humano o nos peleábamos por el lugar más cercano a la estufa. Cuando se acostaba encima de una camisa recién lavada dejándola llena de pelos imposibles de quitar. Cuando intentaba ronronear al acariciarlo pero sólo escuchábamos un débil zumbido porque no sabía hacerlo. O las noches en vela esperándolo al no volver de una juerga noctura.

Recuerdo hoy especialmente el día aquel en el que, siendo muy pequeñas, mi hermana le dijo que pensara y eligiera entre estrellas y círculos de una especie de linterna de juguete con colores que teníamos. Desde entonces teníamos el chiste de que nuestro gato seguía pensando, indeciso, entre una de las dos opciones porque nunca (obviamente) nos había dicho cuál quería.

Hace un año aproximadamente los achaques de la vejez eran cada vez mayores pero no fue hasta hace unas semanas cuando fue preocupante. El pasado jueves 7 la situación se complicó y tuvimos que sacrificarlo para que no sufriera en las pocas horas que le quedaban. Y de repente, ya no estaba. 16 años, de mis casi 20 que tengo, y ya no estaba con nosotros. Nunca más lo vería. Se me hace demasiado extraño. Prefiero creer que Coco sigue dudando entre elegir las estrellas o los círculos.

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