- Ayer estuve hablando por messenger sobre que los nicks de éste son proporcionales al estado de ánimo de la persona, porque me dijeron que mi nick iba a desaparecer o a volverse negativo de lo corto que se estaba quedando. Cuanto más cortos, peor se encuentra la gente, le dije. Mi interlocutora me contestó, con mucha ironía, que hay casos en los que esto no se cumple ya que hay personas que cada vez que se les queda el móvil sin saldo o manchan su camiseta favorita, escriben en sus nicks largas canciones deprimentes en inglés.
Sonriendo y sacando el pecho con orgullo, me responde:
- ¡Yo hago eso! Eso de los nicks de canciones en inglés. Ahora tengo la de…
- ¿Acaso has entendido algo de lo que te he dicho?
Hace años la gente hacía terapias para desengancharse del alcohol y otras drogas. Hoy en día los móviles, internet, la compra compulsiva y otras adicciones del siglo XXI están dando trabajo a miles de psicólogos.
Tira con invitado especial y todo al que no le pedimos permiso para salir. Espero que no se moleste.
Dolor. De todo. De cabeza, por encima de cualquier cosa, pero también de piernas, de brazos, de espalda, de cuello. No puedo abrir los ojos apenas ni mirar a los lados. Sólo mirar hacia adelante. Me obligo a mirar siempre hacia adelante. Si en todos los aspectos de mi vida hiciera lo mismo las cosas no me irían así. Y lo intento por última vez: necesito esos apuntes. Me muero de dolor pero debo llevarlo todo al día. Abro el messenger a las 21:36, está conectada:
A. dice (21:37):
hey
Pasan lo minutos y no hay respuesta. Lo vuelvo a intentar.
A. dice (21:43):
estás? necesito que me envies los apuntes del lunes urgentemente, si puedes.
He sido amable a pesar de querer insultarla. Lleva dándome largas cada vez que se los pedía, que venían a ser 3 veces al día o más.
Nombre demasiado largo y con demasiados emoticonos dice (21:43):
hola Nombre demasiado largo y con demasiados emoticonos dice (21:43):
(icono carcajeante)
Yo, desde este lado del ordenador, no río. Me duele todo. Sólo quiero los malditos apuntes ahora, ya, sólo te he pedido eso. Todo lo demás no me importa, al igual que tú… que tú y todos los de tu grupo… me habéis demostrado que no os importo yo.
Enviando archivo.
Has recibido satisfactoriamente el archivo.
Gracias, le digo. Y callo para siempre. Me voy sin decir adiós.
¿De qué sirve escribir algo que no sientes? Podría dedicar mis textos a muchas personas que debería admirar, escribir a las tragedias que nunca acaban en este mundo, golpear las conciencias de todos los muertos que creen vivir y sentirme la persona más razonable y concienciada de todas las que existen. Podría adornar mis textos con adjetivos pomposos que acabo de consultar en la RAE, de metáforas rebuscadas y traídas por los pelos, de inconformidad con las reglas establecidas en esta sociedad. Pero cada día me doy más cuenta de que me he convertido en uno de ellos muy a mi pesar. Me he rendido: he aceptado la derrota y ahora yo también soy un muerto de rostro ceniciento que cree vivir, que no siente y que se mezcla con la mediocridad general sin destacar en nada. Todos para uno, uno para todos.
¡Qué escándalo! Un periódico del día anterior que se hacía pasar por novedad. Si no hubiera tenido un día de perros quizá lo hubiera indultado. Pero, con tal de no pagarlo con la gente, el pobre periódico sufrió mi rabia en sus hojas.
Como co-autora que soy de esta tira, he sido forzada, obligada, presionada animada a publicarla en mi blog. Pretende ser la primera de muchas, aunque no hay nada seguro.
Stay tuned.
Llorar. Verbo hermoso donde los haya. Significa que estás vivo y que tienes sentimientos, que algo, sea bueno o malo, ha penetrado en tu alma y ha creado una sensación que no puedes evitar exteriorizar en forma de convulsiones involuntarias, respiración rápida y entrecortada y segregación por el lacrimal de un líquido formado por una mezcla homogénea de sales y proteínas enzimáticas diversas. Es maravilloso pensar que toda esta reacción en cadena puede ser provocada incluso con una sola palabra.
Sin embargo, no hay cosa más triste que llorar a oscuras en tu habitación, en silencio, para evitar que nadie oiga tus lamentos. Porque llorar constantemente y que nadie lo sepa hay que reconocer que es triste. En realidad hay algo peor: llorar, llorar desconsolada a un volumen de decibelios tal que los oídos y las mentes de tus vecinos comiencen a sufrir, sin darse cuenta, un desgaste irreparable. Día y noche. Hora tras hora. Llega un punto en el que no estás segura de si la que llora es la persona que existe bajo tus pies o eres tú, o si ambas sois la misma persona.
Alberto se asomaba a la ventana peligrosamente, más de la mitad de su cuerpo colgaba en el vacío. “Me dejaré caer y me libraré de esto de una vez”.
Notaba el frío viento en la cara y el sonido de los coches que atravesaban la calle le perforaba los tímpanos. Su corazón, acelerado hasta casi estallar, le suplicaba que lo hiciera de una vez. Y los villancicos que escuchaba a lo lejos, sonando desde un balcón coronado de luces y con un Papa Noel algo torcido por el fuerte viento agarrado a él, parecían gritarle que esa era la única manera.
Casi no hizo falta coger impulso, el propio peso de su cuerpo lo precipitó al vacío nada más soltarse de la barandilla. Vivía en un entresuelo. Hizo el ridículo más grande que se recordaba en su pequeño pueblo pero consiguió librarse de la cena de Navidad con sus suegros sólo a cambio de una pierna escayolada durante 4 meses y una leve cojera de por vida.