Antes de que os enternezcáis con el título del post, aviso que es totalmente irónico y que voy a soltar grandes dosis de rabia a partir del siguiente párrafo. A la mayoría no os importará esta pequeña riña familiar, pero, oye, que es mi blog y hago lo que quiero en él (¿con él? Cosas del valenciano hablado).
Mi hermana y yo tenemos desde hace tiempo unos ahorros comunes destinados a un futuro viaje al país del sol naciente. Tenemos un buen pellizco cuya cantidad total no es trascendente para entender esta historia, pero es ya una cifra maja. Quizá dentro de unos años, a este ritmo, logremos el dinero suficiente para hacer el famoso viajecito.
El caso es que vienen hoy mi hermana y mi madre, que han ido de compras juntas y a saber de qué habrán hablado, y me dicen que separemos el dinero, que me quede yo mitad y mi hermana la otra mitad. En principio no he entendido para qué queríamos separarlo si el destino del dinero estaba muy claro: dos billetes ida y vuelta, dos estancias en Japón. Costarán lo mismo si lo juntamos que si lo separamos. Luego, cuando encima mi madre ha dicho que iba a meter 50 euros cada mes en la cuenta DE MI HERMANA, sí me he cabreado.
- Y yo? – le digo – ¿Yo me aguanto, no? Que se vaya ella sola a Japón.
- Tú cuando quieres dinero me lo pides [ja, ¿y mi hermana no?].
- Pero no lo entiendo, si a ella le metéis dinero en la cuenta porque sí yo también quiero (lo reconozco, a veces sigo siendo demasiado infantil, pero es que no sé que ha hecho ella que no haya hecho yo para merecerlo).
- Tú si quieres dinero te pones a trabajar, que gastas mucho y sales por ahí.
Aquí no he podido evitar reírme porque quien me conozca en persona sabrá que ni salgo ni gasto. Es más, me tienen que sacar a la fuerza de mi casa. Y lo de gastar tampoco es cierto: nunca he pedido dinero a mis padres para comprarme cosas, sólo para comer, pagar el autobús y poco más. Mis 4 pares de pantalones desde hace siglos pueden corroborarlo. En lo único que gasto más que mi hermana es en el autobús para ir a la universidad, pero es que a pie no voy a poder ir. Y ella el año que viene también tendrá ese gasto.
- Es que lo de ahorrar para ir a Japón es muy utópico.
- ¿Utópico por qué? Es un viaje, ¿no voy a poder hacer un simple viaje nunca en mi vida?
- ¿Qué es utópico? – es lo único que ha dicho mi hermana en toda la conversación.
- Búscalo en el diccionario, inculta – y continuando con mi madre -. Llevo queriendo hacer el viaje desde hace tiempo y no digo que vaya a ir mañana. Puede que sea el año que viene, o dentro de 4, o dentro de 8 pero querer visitar Japón no es para nada utópico.
Y por dentro pensaba: además, no me destrocéis el sueño que en ocasiones ese viaje ha sido el único motivo por el que pensaba que merecía la pena seguir adelante con todo, era lo único que me motivaba.
- No hace falta que te pongas así. Y me parece muy mal lo que le has estado diciendo a tu hermana.
- ¿Qué le he dicho a mi hermana?
- Pues que si no-sé-qué, que si no-sé-cuantos.
- Ah, muy bien, ¿me traduces qué significa no-sé-qué en mi idioma?
- No sé, le has echado en cara que le demos dinero a ella y a ti no. Ella se esfuerza en los estudios.
- ¿Y yo no? Yo no tengo la culpa de que mi hermana sea tonta y necesite 2 semanas para estudiar un mísero examen de filosofía, o biología, o ciencias de la tierra…
Si es que encima tendré que pedir perdón… Pues lo voy a pedir:
Lo siento, madre. Siento ser universitaria, haber nacido a más de 30 kilómetros de mi facultad y tener que desplazarme en un autobús que obviamente no es gratis. Siento tener prácticas por las tardes y tener que comprarme la comida en la universidad (y eso que el 90% de las veces la traigo de casa). Siento mucho, madre, haberme equivocado al escoger mi carrera, haberlo pasado tan mal durante un año por pensar que iba a dedicarme toda la vida a un trabajo que no me motivaba para nada y haber decidido en cambiar a una carrera con la que disfruto. Siento estar apuntada al Círculo de Lectores y comprarme un libro cada dos meses, sé que gastar dinero en cultura es el peor pecado que se puede cometer en esta sociedad. Siento gastar la friolera de ¡¡3 o 4 euros!! de saldo de móvil al mes cuando se me va la mano. Siento no haber pedido nada para mi cumpleaños ni para reyes desde hace años porque no quiero que os gastéis dinero conmigo (mi lista de la barra lateral sí es totalmente utópica, son sólo deseos que sé que no voy a comprar) y que vosotros, por voluntad propia, hayáis decidido regalarme algo de todos modos. Siento muchísimo, madre, haber hecho amigos de verdad por primera vez en mi vida, querer salir de vez en cuando este último mes.
Madre, siento mucho ser feliz hoy en día, sé que no debería, no lo merezco, te prometo que no lo volveré a ser más.