Enjoy the silence

Entradas de Noviembre 2008

Ironías de la vida

Noviembre 28, 2008 · 6 comentarios

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Por si no se lee el texto bien por culpa de la calidad de la cámara de mi móvil:

La clase de Salud Pública que debía impartir hoy 26 de noviembre de 2008 la profesora Encarna Gascón queda suspendida por motivos de salud.

Me hizo bastante gracia encontrar este cartel en la puerta de una de las clases del Aulario de mi universidad.

Categorías: curiosidades · estudios · personal
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Y luego dicen que la culpa…

Noviembre 27, 2008 · 8 comentarios

… es de los móviles.

Estos nombres de programas y series son reales:

- XQ no te callas?
- Eva y kolegas.
- La biblioteka.
- Guaypaut (Wipeout)

Parece que se ha puesto de moda escribir con faltas de ortografía para parecer más “guays” y juveniles, luego se quejarán de que los jóvenes no saben escribir bien.
Y seguro que me dejo más en el tintero.

Editado:

Esto es imparable. La nueva serie juvenil de Cuatroº se llama “HKM. Hablan, Kantan, Mienten”.

Categorías: curiosidades · televisión
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Las esmeraldas sagradas

Noviembre 6, 2008 · 2 comentarios

Os voy a contar un cuento, intentad encontrar moraleja.

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Hace mucho tiempo, en un lugar que ya no existe, vivía una joven a la que llamaremos Ariadna. Como cualquier las personas que vivía en ese lugar, Ariadna llevaba gran parte de su vida buscando las famosas “esmeraldas sagradas”, unas piedras con aparentes poderes mágicos. Se decía que el ser humano que no poseyera una de esas piedras, nunca se sentiría completo ni sería feliz. Pero las esmeraldas eran escasas y muy difíciles de encontrar.

En la aldea de Ariadna prácticamente todos tenían ya una esmeralda, que lucían orgullosos colgada al cuello. Ariadna, en cambio, se pasaba el día paseando por el bosque intentando encontrar una de esas piedras pero nunca lo conseguía. Muchas veces creyó encontrar la famosa piedra, pero, cual espejismo, cuando se acercaba al lugar donde le pareció verla se veía rodeada de tierra y árboles, sin rastro de la esmeralda por ningún lado.

Un día de invierno Ariadna iba paseando por el bosque, bordeando el río mientras ojeaba en todas direcciones, como de costumbre. De repente, vio algo que relucía en el fondo del río, un centelleo dorado y cálido como el sol del mediodía.

- Allí está, la he encontrado- grito mientras se metía al agua. El frío empezó a penetrarle hasta los huesos y las rocas del río le rasgaron las ropas e incluso la piel. Pero a Ariadna le daba igual, sólo quería recoger aquella esmeralda y sentirse, por fin, feliz.

Cuando llegó a lugar donde se encontraba la roca casi no podía moverse pero en un último esfuerzo alargó la mano y alcanzó la esmeralda. La miró con dulzura y cuidadosamente le quitó el barro que había por encima. Y mientras hacía esto, el brillo de la roca comenzó a desaparecer hasta convertirse en un guijarro de río. Antes de que pudiera llegar a darse cuenta, Ariadna se desmayó.

La encontraron unas horas después dos amigos suyos que volvían de caza y la llevaron urgentemente al médico de la aldea, un hombre viejo y sabio que era temido y admirado por igual debido a sus amplios conocimientos en casi todas las materias. Ariadna estuvo varios días debatiéndose entre la vida y la muerte pero finalmente despertó. En anciano trató de regañarla por su comportamiento irresponsable y le preguntó qué le había pasado por la cabeza para meterse al agua con ese frío.

- Creí encontrar una esmeralda sagrada – le contestó llorando – pero era una simple piedra. Siempre son simples piedras, nunca podré encontrar una esmeralda para mí.

El anciano, tratando de tranquilizarla, le pasó la mano por la cabeza mientras le decía:
- No te preocupes, Ariadna, que la encontrarás.
- No, no la encontraré, llevo mucho tiempo buscándola y nunca…
- Lo harás – interrumpió el anciano -, sólo necesitas ser paciente. Cuando estés preparada, cuando menos te lo esperes, aparecerá ante tus narices una de esas esmeraldas.
- No te creo, sólo tratas de animarme.
Y sonriendo el viejo médico le hizo beber un poco de poción para que durmiera tranquila.

Unas semanas después Ariadna ya se había recuperado, pero seguía sintiéndose débil. Cada día que pasaba se sentía peor. Había dejado de buscar su esmeralda, como le había aconsejado el anciano, y lo único que había conseguido con eso es perder completamente la esperanza de encontrarla algún día.

Una tarde decidió ir al bosque a pasear y se adentró por un camino que nunca antes había visto. “Qué extraño”, pensó “juraría que es la primera vez que veo esta senda a pesar de haber pasado por aquí miles de veces”. Siguió el camino hasta que llegó a una gran pradera que rodeaba un lago con patos. Fascinada por el paisaje, pasó un rato hasta que se dio cuenta de que no estaba sola. Había una figura resplandeciente bañándose en el medio del lago. Ariadna se acercó lentamente y, sin saber por qué lo hacía, saludó con la mano.

La figura no respondió a su saludo pero comenzó a nadar hacia la orilla. Desprendía un brillo dorado que obligaba a Ariadna a bajar la cabeza constantemente para no mirar directamente a la figura.
- Hola, te estaba esperando. – rió la silueta.
- ¿A mí?
- Sí, a ti. ¿No sabes quién soy?
- No.
- ¿Llevas tanto tiempo buscando y ahora no me reconoces?
- No serás…
La figura sonrió.
- …la esmeralda? – terminó Ariadna.

La figura soltó entonces una carcajada.
- No, claro que no. Eso es lo que se esperaría de este cuento, ¿verdad? Hubiera quedado bonito y todo.
Ariadna se puso roja de vergüenza.
- ¿Y entonces?
- Sólo soy una metáfora, ¿de veras no te has dado cuenta? Todo lo que ves a tu alrededor es una simple metáfora.
- Bueno, todo esto estaba resultando muy extraño… creía que había encontrado por fin la esmeralda.
- Deja de buscar aquí – le espetó la silueta -, no es aquí donde la vas a encontrar. Pasas mucho tiempo buscándola en el sitio equivocado. En realidad, Ariadna, ya la has encontrado, pero no aquí. Despierta, Ariadna, vuelve al mundo real, te está esperando allí. Un último consejo: cuídala bien, sólo hay una para ti.

La figura realizó un movimiento brusco y todo se volvió oscuridad.

Ariadna abrió los ojos lentamente, acostada en su cama. Estaba amaneciendo.

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Frases de profesores I

Noviembre 2, 2008 · 7 comentarios

¿Quién dijo que los profesores no tienen sentido del humor y que las clases no pueden ser divertidas? Voy a empezar a recopilar las mejores frases que escucho en las aulas porque algunas no tienen desperdicio, y si no las apunto se me olvidan. Aquí va una primera tanda de muestra:

- Hay tres tipos de biólogos, y curiosamente todos comienzan por B: de bata, de bota y de bote.

- (Hablando de cierto tipo de lagartijas partenogenéticas en las que una de ellas hace el papel de macho y simulan aparearse)
Profesor: entonces comienzan a moverse, retorcerse, golpearse contra las rocas…
Alumno: Pero, eso para qué sirve, ¿intercambian óvulos cuando lo hacen?
Profesor: No, sólo intercambian tortas.

- Gran parte de los animales aparecieron durante la “Explosión cámbrica”, que ocurrió en un periodo muy breve de tiempo para los geólogos: 10 millones de años. Más o menos lo que se tarda en pagar la hipoteca.

- Antes de que aparecieran los depredadores, los animales no tenían preocupaciones, se dedicaban sólo a filtraaaaar, todos felices… eran unos hippis.

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