Por un error en el sistema (es decir, por toquetear las cosas más de la cuenta) el blog no permitía dejar entrar a nadie, sólo a la administradora, o sea, yo. Pues nada, solucionado.
No me extraña que no tuviera ni una visita desde hace tiempo xD
Por un error en el sistema (es decir, por toquetear las cosas más de la cuenta) el blog no permitía dejar entrar a nadie, sólo a la administradora, o sea, yo. Pues nada, solucionado.
No me extraña que no tuviera ni una visita desde hace tiempo xD
Categorías: General
El otro día vi en la calle un coche aparcardo, de estos pintados de lila y tuneados, y me fijé en un detalle que tenía en el parabrisas. Había unas pegatinas con Hiragana, uno de los silabarios japoneses y, cuando las leí, no entendí lo que decían. Me quedé un buen rato repitiendo mentalmente la palabra: じょるげ, じょるげ…
Y al final logré darme cuenta de que en la pegatina estaba escrito el nombre “Jorge”. ¿Por qué tardé tanto en darme cuenta? Pues porque había tantos errores en una misma palabra que resultaba casi imposible. Transcrito de manera gráfica, en castellano sería efectivamente Jorge, pero la fonética es completamente distinta. Aquí un repaso de los errores:
1. La J en japonés no se pronuncia como aquí, sino que se hace como en inglés: como John, Jack, jump… Para que fuera correcto debería haber escrito lo que aquí se transcribe como “Ho”, pero los japoneses pronuncian “jo” (como una jota, pero quizás un poco más suave). Es decir, quedaría ほるげ (Horuge).
2. La G en japonés tampoco tiene la misma pronunciación que en castellano (sí, es cierto el mito ese de que los japoneses lo hacen todo al revés). La G se pronuncia siempre suave, aunque tenga una e o una i detrás (es decir: las silabas japonesas ge y gi se pronuncian “gue” y “gui”). Así, nuestro amigo Jorge cometió otro error, porque la G de su nombre, tal y como la ha escrito, sonaría suave, como gato o guerra. Lo correcto sería ほるへ, Horuhe (como he dicho antes, la h se pronuncia con el sonido J, como jamón o gen).
3. Finalmente, un error muy común en los españoles que quieren escribir su nombre en japonés es que el nombre estaba escrito en Hiragana. En japonés es un error escribir los nombres extranjeros con este silabario, ya que para las palabras que vienen de fuera existe el Katakana (también se usa para expresar cierto enfasis, como nuestras negritas o cursivas, y ahora está de moda entre los japoneses escribir sus nombres en katakana, pero eso ya es otra historia).
La conclusión que saco es que el tal Jorge compró las pegatinas en cualquier tienda y como ni él ni el vendedor tenían ni idea de japonés, hicieron una transcripción gráfica sacada de cualquier tabla de hiragana sin tener en cuenta la fonética de las sílabas, que es la que vale para entender las palabras. Es decir, si transcribo lo que tenía él escrito en su coche (ほるげ) sería efectivamente “Jor(u)ge” (la u casi no suena, y como no existen las consonantes sueltas en japonés, sino que siempre van apareadas con una vocal, se usa la silaba que tenga U para expresar las consonantes). Sin embargo su pronunciación no tiene nada que ver : Jorugue (la J recordemos que se pronuncia como John en inglés, y la G como gato).
Lo que nuestro amigo Jorge tendría que haber escrito para que un japonés lo entienda es ホルヘ (Horuhe), aunque como muy poca gente sabe leer en japonés seguirá fardando de pegatina. Gracias a Dios que no se hizo un tatuaje (¿o quizás sí?).
PD: En el título del post no es que se me haya ido la pinza. Se trata de un pequeño homenaje a los HOYGAN que suelen poblar los posts en blogs que tienen la osadía de explicar cómo escribir tu nombre en japonés.
Categorías: curiosidades · japonadas · japonés
Ya están aquí, ya han llegado. Y no, no me refiero a los Reyes Magos o a las rebajas. Es algo mucho más temible para gran parte de la población de entre 18 y 25 años: llegan los exámenes.
Por ahora sólo me he quitado de encima uno (que no quiere decir que lo haya aprobado, sino que ya lo he hecho), el examen de Higiene de los Alimentos. No me ha salido tan bien como quisiera, pero salí contenta del examen, aunque es algo que me pasa siempre: temino un examen y estoy eufórica (“¡me ha salido perfecto!”) y conforme van pasando las horas voy rebajando el nivel (“¡Ay!, creo que en la pregunta de loquesea me he equivocado”, “¿A ti te ha dado eso? Pues entonces lo tendré mal”). Y claro, si a eso le sumamos que era un examen tipo test, de los cuales no he hecho en mi vida y no tengo práctica…
Lo único que nos queda ahora es encomendarnos a Dios, Alà, Buda, Suzumiya Haruhi o al mismísimo Montruo Volador de Espagueti para que nos ayude en este duro trance que los estudiantes hemos de pasar, algunos con mejor suerte que otros (y espero ser de las primeras).
Así es como me siento… sin ganas de nada. Será por esta época del año, tan hipócrita y patética, pero me siento como perdida, como si no mereciera la pena hacer nada y sólo tengo ganas de dormir. No puedo dejar de pensar en las cosas que nunca podré alcanzar, eso que está ahí mismo, a mi lado, pero que cuando alargo un poco la mano para tocarlo retrocede y se aleja un poco más de mí. ¿Por qué me ocurre esto?
Categorías: personal · reflexiones