
Este año, con el comienzo de la universidad, he descubierto un área de conocimiento que hasta ahora había pasado desapercibida para mi y que en estos momentos es una de las cosas que más me apasionan: la microbiología.
Recuerdo que cuando iba a 1º de E.S.O (parece que haga eones de aquella época) mi asignatura favorita era Naturales, en concreto el bloque de biología y geología de esta materia. Posteriormente, cuando unos cursos más adelante la asignatura se partió en dos dando lugar a Física y Química y Biología y Geología, me decanté por esta última y especialmente por la biología. Por último, en Bachillerato, me encantaba la asignatura de Biología, pero sobre todo esa parte que tenía que ver con las células. Siempre estudiamos las células eucariotas, y sólo muy por encima las procariotas, por lo que nunca me habían llamado mucho la atención.
Pero este año, con una asignatura entera sobre Microbiología, particularmente sobre bacterias, he descubierto que esta rama es una de las que más me tiran, y lo cierto es que disfruto como una enana aprendiendo más sobre el tema.
Con todo esto vengo a decir que he empezado a reflexionar (y no solamente sobre si la carrera de Nutrición es la que realmente más me gusta y me conviene) y me he dado cuenta de que, aunque creas que sabes mucho sobre algo, siempre habrá, hablando metafóricamente, un curso superior en el que esa asignatura que tanto crees que conocías se partirá en varias que profundizarán más un tema en concreto, y a su vez estas asignaturas se volverán a partir en el siguiente curso, profundizando más y más, de manera que cuando eches la vista atrás y veas la asignatura de la que partías inicialmente pensarás que antes no sabías nada y que ahora lo sabes todo. Pero ahí no acaba la cosa, porque en el siguiente curso lo que sabes en la actualidad ahora serán sólo breves esbozos de lo que sabrás después.
Siguiendo con las metáforas, me imagino el conocimiento como una de esas grandes fotografías compuestas por miles de fotografias más pequeñas, que a su vez están compuestas por otras más pequeñas. Pues bien, cuando ves la fotografía desde lejos y la asimilas, piensas que ya lo has visto todo, pero entonces te das cuenta de cómo está hecha, y de centras en una de esas fotografias más pequeñas. “Bueno, aquí ya no hay nada más, ya he visto todo lo que tenía que ver”, pensarás, pero… error: si haces zoom, ves que hay muchas más fotografías en las que fijarse. Hay tantas que no sabes por cuál empezar, quieres verlas todas pero es imposible, tienes que decidirte por una(s) sin saber muy bien si de verdad te van a gustar, y además tienes que descartar muchas otras porque no te dará tiempo a verlas.
Entonces, cuando te echas atrás y vuelves a mirar la fotografía grande, sabes que tienes que elegir: puedes mirar todas las fotos que componen esa gran imagen, sin que te dé tiempo a ver las subimágenes que componen estas fotos; o puedes centrarte en un determinado grupo de fotos y adentrarte en sus sucesivos subgrupos hasta intentar alcanzar un final.
Yo quiero saber, quiero conocer, me gusta aprender, y me desanimo al mirar a la gran fotografía y saber que nunca podré terminar de verla. Es como estar asomándose por un precipicio sin final: da vértigo, pero no puedes evitar seguir asomado.
Sólo sé que no sé nada
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PD: Delirio agudo causado por pasarme el día estudiando.